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Fiscalía ocupó finca de Alberto Giraldo López
El inmueble era de Alberto Giraldo López, miembro del Cartel de Cali, y capturado en 1998 - Foto: Cortesía Fiscalía General de la Nación

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Fiscalía ocupó finca que pertenecía a reconocido relacionista público del Cartel de Cali

La entidad puso a disposición de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) el inmueble para su respectiva administración.

El Cartel de Cali ha estado en boca de todos los colombianos este 1 de junio debido a dos noticias de interés público para el país. La primera fue la muerte de Gilberto Rodríguez Orejuela, capo de ese grupo narcotraficante, que a sus 83 años perdió la vida mientras cumplía una condena en Estados Unidos.

La segunda noticia tiene que ver con una actividad de la Fiscalía, que este mismo miércoles impuso medidas cautelares sobre una finca que pertenecía a Alberto Giraldo López, recordado en la época de los noventa por ser el relacionista público del Cartel de Cali.

De acuerdo con el ente judicial, fue la Dirección Especializada de Extinción del Derecho de Dominio, en articulación con el CTI, la responsable de ocupar el inmueble.

“El material de prueba da cuenta de que el bien, ubicado en zona rural de Palestina (Huila), se suma a otros predios de propiedad de Giraldo que fueron ocupados por la Fiscalía General de la Nación en 2021″, explica el también ente acusatorio por medio de un comunicado de prensa.

Cabe recordar que Giraldo fue condenado a ocho años de cárcel en diciembre de 1998, acusado del delito de enriquecimiento ilícito, después de sus años de trabajo al lado de los hermanos Miguel y el fallecido Gilberto Rodríguez Orejuela.

“La Fiscalía impuso sobre la finca detectada, avaluada preliminarmente en 135 millones de pesos, medidas provisionales de suspensión del poder dispositivo, embargo y secuestro; y la puso a disposición de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) para su administración”, concluye la información oficial de la entidad.

“El dinero todo lo compra”

Para Gilberto Rodríguez el dinero era la razón de su vida, o al menos la forma de conseguir todo lo que quería. “El dinero todo lo compra” era su frase favorita, según lo explicó su sobrino William Rodríguez, quien escribió un libro publicado recientemente por la editorial Planeta.

Sin embargo, algo que no pudo comprar ni con todo el dinero del mundo fue su libertad. En 2002 fue capturado después de cuatro meses de haber salido de prisión tras pagar una condena de siete años en Colombia. Así, tras un largo proceso judicial en el país, fue extraditado finalmente en 2004 a Estados Unidos. Allí tendría que saldar su deuda por envío de droga a ese país hasta 2034.

“Una condena de 25 años a mi edad es cadena perpetua”, le dijo a SEMANA en los tiempos de su extradición; al final, su predicción fue cierta.

De hecho, en los últimos años él sabía que no volvería a ver la luz del día en libertad teniendo en cuenta la gran cantidad de enfermedades que cargaba encima: cáncer de colon, de próstata, hipertensión, gota y trastornos psiquiátricos. Por esto, hace poco se supo que Rodríguez Orejuela estaba dispuesto a comparecer ante la Comisión de la Verdad, con el fin de “sanar su mente” y saldar las responsabilidades que tenía con la sociedad colombiana, debido a su papel en el narcotráfico y la influencia del mismo en la política nacional.

“Soy consciente de que todos los que hemos tenido alguna relación con el poder político, económico o militar tenemos la mayor culpabilidad de la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano, en los últimos cincuenta años. Por lo tanto, ir ante ustedes a contribuir con mi culpa, y con lo que sé de lo que sucedió en Colombia con la verdad histórica, es un imperativo moral que me obliga, como colombiano, como ser humano y como hijo de Dios”, dijo por medio de una carta que envió a la Comisión de la Verdad.

“Finalmente, y solo para aclarar algunas insinuaciones periodísticas que han aparecido, solo aspiro a dos cosas: que mi testimonio sea reservado, con absoluta prudencia, y que sea personalmente con el miembro o los miembros de esta comisión que ustedes dispongan. Con el sentimiento de admiración y respeto, Gilberto Rodríguez Orejuela”, concluía la misiva que este 1 de junio pasó de ser una cita con la justicia colombiana a un mero recurso histórico de la memoria del país.