POLÍTICA

¡La minga dio ejemplo!: sí se puede protestar de forma pacífica

Los indígenas le demostraron al país que sí puede haber protesta pacífica. Durante su recorrido desde el Cauca hasta Bogotá imperaron el civismo y la organización. Su mensaje retumbó y el Gobierno se equivocó al no escucharlos directamente.

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24 de octubre de 2020 a las 12:20 a. m.
Minga
Minga Foto: SEMANA

Cuando los delegados del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) anunciaron a comienzos de este mes que organizarían una nueva minga para exigirle mayores garantías al presidente Iván Duque por la violencia que vienen sufriendo en sus territorios, muchos pensaron que habría bloqueos de vías, vandalismo y enfrentamientos con la fuerza pública.

La minga se concentró en la plaza de Bolívar, donde le hicieron un juicio político a Duque. Los indígenas protestaron de manera pacífica.
La minga se concentró en la plaza de Bolívar, donde le hicieron un juicio político a Duque. Los indígenas protestaron de manera pacífica. Foto: guillermo torres reina

Pero ocurrió todo lo contrario. La minga dio ejemplo de civismo, de organización y marcharon tranquilamente hasta la plaza de Bolívar, todos ellos con tapabocas. A diferencia de lo que ha sucedido con otras marchas, la minga no rompió vidrios, no vandalizó buses ni bloqueó los carriles de TransMilenio.

Sus integrantes dejaron impecables los dos sitios de la ciudad que ocuparon, de común acuerdo con la Alcaldía. Los participantes de la minga, a bordo de sus chivas, salieron del Cauca y, como lo habían advertido, marcharon hasta Bogotá, pues Duque no llegó a la cita en la plaza de San Francisco, en Cali.

llegada de la minga al centro de Bogotá
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Al llegar a la capital del país, la gente recibió a la minga con aplausos en la autopista Sur. Los vitoreó y les dio la bienvenida con pitos y banderas desde sus ventanas y en las calles. Su paso por la ciudad transcurrió en calma.

La minga tiene varias estrategias propias ejemplares que evitaron cualquier filtración. Utilizan radios, tienen listas con las identificaciones de cada persona por cada resguardo, se conocen entre sí, tienen prendas alusivas y se unen en grupos entrelazados por sus bastones.

En un episodio ‘amortizaron’ a unos ladrones que se querían infiltrar a la minga y al parecer robarse unos celulares. Recibieron como castigo varios fuetazos, uno de los métodos tradicionales de corrección de los indígenas.

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En los días en que la minga estuvo en Bogotá hubo otros hechos que llamaron la atención. En un video quedó evidenciado cómo una mujer les gritó desde un carro: “Brutos, tercos, porquerías”, a lo que los indígenas solo respondieron grabando y riéndose por los insultos.

En el mundo político había prevenciones. A comienzos de octubre, el expresidente Álvaro Uribe advirtió: “Ojo con la minga”. Dijo que era contraproducente, advirtió al Gobierno que había un objetivo político por medio y habló de “la toma socialista del Estado”.

Pero el miércoles, cuando las chivas iban camino de regreso hacia el Cauca, el líder del Centro Democrático destacó el buen comportamiento de los marchantes: “Positiva reacción indígena de no dejarse utilizar de vándalos ni de extremistas. Ojalá saquen totalmente de su territorio a los violentos y narcos”.

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El Gobierno también reconoció el civismo de los indígenas. “Sí puede haber protesta pacífica”, destacó la ministra del Interior, Alicia Arango. Pese a ese reconocimiento, Duque no se reunió con ellos. La minga decidió retornar anticipadamente porque se dieron cuenta de que esa cita jamás iba a llegar.

La fórmula de la Defensoría del Pueblo era la más acertada, pero infortunadamente no se concretó. La propuesta consistía en que el Cric designara a unos delegados para encontrarse personalmente con Duque en la sede de esa entidad. El drama de estas comunidades ameritaba una actitud distinta de la Casa de Nariño.

Desde la firma de la paz con las Farc en 2016 y hasta la fecha, han asesinado a 242 indígenas. Los pueblos ancestrales han quedado en la mitad de la guerra por los cultivos de coca y querían que el presidente los escuchara. En esta ocasión no había una minga reivindicativa de por medio, con un pliego de peticiones, sino una minga política para dialogar con Duque.

Bogota
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Indigenas
fotos Jeimi Villamizar
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El lunes, en la plaza de Bolívar, al ver que no había llegado el mandatario, le hicieron un juicio político, un acto eminentemente simbólico para cuestionar su ausencia. Quedó la imagen de una silla vacía con el nombre del presidente. Para muchos resultó contradictorio que esta misma semana el alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos, viajara hasta el Cauca para reunirse con las comunidades indígenas, cuando las tenía frente a su oficina.

La Casa de Nariño envió un mensaje equivocado a esta población que históricamente ha sufrido el abandono del Estado. Los indígenas ya regresaron a sus territorios y lograron el objetivo que se plantearon. De manera pacífica recorrieron las carreteras y lograron hacer oír su voz en la plaza de Bolívar. Al Gobierno no le salió bien la estrategia de plantear un pulso político, ni tampoco esas prevenciones excesivas de sus funcionarios.

La Casa de Nariño tiene razón en decir que han venido cumpliendo unos compromisos pactados de tiempo atrás. Pero acá el tema no era una rendición de cuentas, sino abrir una puerta al diálogo directo con Duque. ¿Por qué era tan difícil?