La jueza novena especializada de Bogotá avaló el preacuerdo firmado entre la Fiscalía General con Elder José Arteaga Hernández, conocido como Chipi o el Costeño; y William Fernando Cruz, alias el Hermano o el Viejo, por su responsabilidad en el magnicidio del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay.

Pese a los cuestionamientos de la defensa y los familiares del dirigente político, que no dudaron en calificar la negociación como “un premio a la impunidad”, el juez aprobó los argumentos de la Fiscalía General.
Los dos procesados aceptaron su responsabilidad en los cargos de homicidio agravado; fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego; uso de menores de edad para la comisión de delitos y ocultamiento, alteración o destrucción de elementos materiales probatorios.

En el caso del Viejo se fijó una sentencia de 22 años y cuatro meses de prisión, mientras que en el caso de El Costeño se estableció una condena de 26 años de cárcel.
La Fiscalía General sostuvo que tanto El Costeño como El Viejo fueron piezas clave en el engranaje criminal que llevó a la planeación y ejecución del atentado sicarial que acabó con la vida de Miguel Uribe Turbay.

Esto, al dar órdenes precisas a los otros integrantes de la organización criminal para conseguir tanto el arma de fuego, los vehículos y al menor de edad.
La defensa de los familiares de Miguel Uribe Turbay, liderada por el penalista Víctor Mosquera, se opuso al preacuerdo de alias el Costeño.
El “cerebro” del atentado
Recientemente, SEMANA reveló en exclusiva la declaración de alias El Costeño intentó desmarcarse de la planeación del atentado sicarial contra Miguel Uribe Turbay, quien fue atacado cuando se encontraba en un evento político en el parque El Golfito, en el barrio Modelia, en el occidente de Bogotá, en la tarde del 6 de junio de 2025.

“Sí, pero entonces ahí, ¿quién sería ese cabecilla? No le podría decir porque para mí el cabecilla es Simeón, que es el que me está trayendo el mensaje. Él es el que se está reuniendo con la gente”, advirtió en repetidas oportunidades alias Chipi, para decir que su participación en el magnicidio se redujo a la logística.
El confeso asesino se remitió a exculpar a otros procesados, particularmente los más cercanos a él. Advierte que no tenían conocimiento del plan criminal, que estaban solo a cargo de manejar o llevarlos a determinados puntos; incluso niega tener conocimiento de la participación de la Segunda Marquetalia.

“Entonces ella (alias Catherine) me dice: ‘Pero usted sabe que estamos trabajando con la guerrilla’. Yo sabía que estábamos trabajando con Simeón, pero yo no sabía qué contactos tenía o con quién se movía. Tenía más conocimiento ella, porque ella me dice que el Viejo como que le tiraba los perros”, dijo el asesino en su declaración, en la que soltó un dato hasta ahora desconocido.
Según Élder José Arteaga, una semana antes del magnicidio, fueron capturados por la Policía en el barrio Las Cruces, justo cuando estaban fijando los detalles de un doble homicidio que no se concretó. Los uniformados tumbaron la puerta, los sometieron y se los llevaron para un CAI. Horas después los dejaron en libertad.
“Ahí nos sapearon (delataron) los mismos chirretes (consumidores) de ahí, y fue donde llegó la Policía, nos tumbó la puerta, y me llevaron para el CAI, pero al ratico, pues como no encontraron arma, no encontraron nada, pues al ratico nos dejaron libres” (sic), dijo alias Chipi sobre un evento que pudo salvar la vida de Miguel Uribe Turbay, pero que la Fiscalía no quiso profundizar.
