SEMANA: ¿Cuál cree que es el principal riesgo económico que tiene Colombia?
RUDOLF HOMMES (R.H.): Dos temas sobresalen e inciden en el agravamiento de la crisis fiscal. Uno, el de la seguridad, con un entorno en el que las bandas armadas se están apoderando de partes de Colombia.
Ahora se habla de la paz, ya no total, sino integral, pero es lo mismo. El otro punto es la salud, porque se está muriendo la gente y es algo que toca a toda la población. Fueron cuatro años en los que hubo gente proponiendo alternativas, pero al Gobierno no le servía nada distinto a acabar con el sistema existente.
Es una irresponsabilidad atentar contra la salud de toda una sociedad, solo porque les caía mal que fuera un sistema privado. Con las nuevas cuentas fiscales se adoptó el déficit primario como objetivo y se tiene la expectativa de hacer una reforma tributaria de 30 billones de pesos; pero, a mi juicio, no se está contemplando lo que viene: habrá que rearmar todo el Ejército, modernizar la fuerza pública, porque, además, la forma de manejar la seguridad cambió.
Ya hay estimativos según los cuales solo en salud y Ejército se necesitaría 6,8 por ciento del PIB en cuatro años. También será clave reactivar las obras públicas, frenadas por el interés del Gobierno de priorizar cooperativas y juntas de acción comunal, a menudo sin capacidad de ejecución.
Al déficit proyectado se suman intereses de deuda cercanos al 4 por ciento del PIB. Para colmo, ahora tampoco saben qué van a hacer con el fenómeno de El Niño.
SEMANA: Todas esas necesidades remiten a deuda. ¿Qué opina de la idea de refinanciarla y volver a tocar puertas en el FMI como plantean en una campaña?
R.H.: Primero, quiero decir que sigo preguntándome si esas operaciones de deuda realizadas eran permitidas, pues se estaban tomando riesgos gigantescos con un solo inversionista: un fondo de California. En relación con volver al Fondo Monetario Internacional, creo que sería positivo, por los estándares de calidad que implica. Si una nación pasa los exámenes del FMI, que es estricto, ya lleva parte del éxito asegurado. El problema es que ahora la deuda es tan grande y costosa que no va a ser tan fácil como en el pasado cuando se tomaron caminos parecidos.
SEMANA: ¿Por qué dice que, gane quien gane las elecciones, usted tiene miedo?
R.H.: A Cepeda (Iván) le tengo miedo. A Abelardo (De la Espriella) no lo veo con la experiencia requerida para gobernar.
Tan es así que se oye a muchas personas diciendo que van a votar por Restrepo (José Manuel).

La salud en las cuentas fiscales
SEMANA: ¿Cómo ve las recientes proyecciones fiscales que presentó el Gobierno?
R.H.: Por ahora, creo que un ajuste del 2,1 por ciento para este año no logra evitar que la deuda se vaya a niveles muy altos. Además, cualquier gobierno va a querer tener recursos para gastar en sus promesas.
Cepeda, por ejemplo, quiere usar 50 billones de pesos para hacer vías terciarias. Uribe (Álvaro) quiso algo similar con el Plan 2.500 y la mayor parte de los recursos se perdió. Esas estrategias, por la dispersión de presupuestos en proyectos pequeños, despiertan tentaciones terribles.
SEMANA: Usted plantea que la crisis de la salud debe ser prioridad del próximo Gobierno, pero el actual sostiene que no comenzó ahora. ¿Qué responde?
R.H.: En la época del Seguro Social simplemente no lo atendían a uno. Luego vino el nuevo modelo y no voy a decir si hubo o no robo porque no me consta. Se dice que muchos políticos regionales armaron EPS para robarse la plata. Yo creo que el gran defecto del sistema es que no se dijo la verdad acerca de cuánto costaba realmente la Unidad de Pago por Capitación (UPC). Por eso nunca llegó al nivel que se requería. Empezaron a dejarles esos pagos a las EPS. De allí se descapitalizaron. Pudo haber robos porque no existía una buena auditoría. Pero la mayoría de la gente tenía salud. Ahora no.
Lo que se manejó con odio
SEMANA: También se dice que la polarización impidió construir un nuevo sistema de salud. ¿Qué opina?
R.H.: A Petro no le interesaba construir. La receta, a mi juicio, era escuchar, revisar, encontrar defectos y coincidencias para arreglarlas. Pero todo se manejó con odio.
SEMANA: ¿Agro o petróleo: qué modelo conviene para generar recursos públicos?, ¿debe retomarse la exploración con nuevos contratos?
R.H.: Creo que hay que incluir los dos sectores. Hay que producir con mayor eficiencia para ganar competitividad. Eso exige incorporar tecnología y aprender a hacer mejor las cosas. Por ejemplo, el país cuenta con buenas empresas de porcelana, mientras el mundo registra grandes avances en ese sector. Las convocaría a conocer esas innovaciones y a buscar una participación en ese mercado global. Junto con ellas, habría que identificar qué necesita aportar el Estado, más allá de subsidios, y construir gradualmente un inventario de empresas con las que se puedan desarrollar políticas de expansión. Nutresa es un buen ejemplo: durante años estuvo concentrada en Medellín y luego encontró la forma de llegar a mercados internacionales. Otros sectores podrían seguir esa ruta. Y hay una fórmula poco aplicada que siempre destaco: desarrollar el potencial de la Altillanura.

Foco en modelos exitosos de empresas
SEMANA: Es decir, ¿no hay que apuntar a los sectores, sino a lo que genere crecimiento?
R.H.: Creo que hay que impulsar varios proyectos que pongan a crecer la economía. Concentrarse solo en el agro puede dar resultados desiguales: habrá iniciativas productivas y otras no, algunas con tecnología y otras sin ella. Lo importante es orientar la economía hacia actividades de mayor calidad, con inversión privada y participación del Gobierno. No soy partidario de los subsidios, pero sí de que el Estado cumpla su papel: construir carreteras, mejorar la educación y facilitar el acceso a tecnología para elevar la productividad.
SEMANA: Eso es un gobierno aliado con el sector privado.
R.H.: Así es. Existen casos como el de Italia, en donde poblaciones satélite –como las que tiene Bogotá en su vecindad– se juntan y pagan centros de investigación que están al servicio de la región y trabajan con universidades, con el sector privado.
El Gobierno lo que hace es financiar esa entidad y entre todos hacen maravillas: en textiles, en química, metalmecánica, etc. Es una manera de pensar que poco gusta porque nos acostumbramos a estar en un pupitre expidiendo normas sin soluciones reales. Posteriormente, habrá industrias que propondrán iniciativas ellas mismas, pero inicialmente es el Gobierno el que tiene que invitarlas.

Salario mínimo y Banco de la República
SEMANA: Sobre el futuro del Banco de la República, ¿cómo debería manejarse institucionalmente la política monetaria?, ¿el ministro de Hacienda debe salir de la junta directiva?
R.H.:Es bueno que el ministro de Hacienda continúe en la junta del Banco Central. Un distanciamiento implica ir en contra de la Constitución, que señala que debe haber sinergias entre la política económica y la monetaria. Por lo tanto, los enfrentamientos son una violación de la Carta Magna y, lo más importante, es que no es productivo: uno sube tasas, el otro sube gasto. Los dos contribuyeron a acabar con la economía.
SEMANA: ¿Cómo ve el alza del salario mínimo: redujo la pobreza o solo impulsó temporalmente el consumo?
R.H.: Alrededor de ese tema hay dos escuelas. Una de ellas es la que sigue Petro: estímulo a la economía, el mensaje de que la gente merece tener un trabajo digno, con un salario vital. Sería maravilloso poder cubrir todas las necesidades de la población, pero, ¿qué tanto aguanta eso?. Por ello, creo que la forma con la cual tomaron las decisiones fue mala, porque no hubo coordinación ni con los trabajadores ni con los empleadores.
Pienso que las alzas las hicieron con fines electorales. Del resultado, no se ha medido si fue o no el mejor camino. Lo que sí es muy probable es que no sea sostenible, ni mantener la cifra de desempleo ni el efecto benéfico del salario.
Desde la percepción, es evidente que en ciertos sectores se están perdiendo empleos. El nivel de servicios que había en un restaurante, por ejemplo, ha caído. En general, en el componente de servicios se ha afectado muchísimo el empleo.
SEMANA: Si hay dudas de que no ha sido bueno en lo laboral, ¿por qué entonces no se contrae la cifra de empleo?
R.H.:La medida viene con su propia contra y es que, a mayor ingreso, aumenta la capacidad de consumo y así sube la demanda, lo que lleva a mantener el empleo.
Fórmulas vicepresidenciales

SEMANA: ¿Qué opina de las fórmulas vicepresidenciales de los candidatos a la presidencia?
R.H.: Cuando se eligió a Aida Quilqué, el mensaje que envió Cepeda fue que se iría por un rumbo radical, de hacer una revolución. Hasta el momento no creo que la señora haya hecho algo desagradable.
Sobre la formación académica (hasta la secundaria), está en línea con esa cierta enemistad que parecen tener con la excelencia, a la que se llega con ciertos requisitos académicos. La fórmula de De la Espriella es muy buena para el candidato y para el mismo Restrepo, porque le está dando visibilidad. De rector y ministro pasó a ser una especie de ídolo nacional. A mi modo de ver, es demasiada responsabilidad para que la cargue un solo hombre. En parte porque la imagen que proyecta De la Espriella es la de un ser voluntarioso que llegaría con un paquete de propuestas, muchas de las cuales podrían no ser viables o aceptadas. Inclusive, me atrevería a decir que los dos van a chocar. Por ahora, lo cierto es que muchos afirman que van a votar por esa dupla, porque está Restrepo.
SEMANA: Restrepo ha propuesto quitar los impuestos saludables. ¿Cree que sería adecuado?
R.H.: Lo primero que se le ocurre a uno es que esa propuesta podría obedecer a una financiación de productores de gaseosa.
SEMANA: Usted, con todas esas críticas, ¿va a votar?
R.H.: Probablemente sí.
