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Uribe: un hombre sin puntos medios

El político más popular de los últimos tiempos, el presidente de la seguridad democrática, el líder del "No". ¿Cómo terminó detenido el hombre más poderoso por años?


En el único tuit que publicó después de que se hizo pública la noticia sobre su arresto domiciliario, Álvaro Uribe Vélez nombró tres elementos que han sido esenciales para su vida personal y para su vida política: su esposa, su familia y la patria. Es uno de los pocos mensajes sobre un tema frente al que el expresidente ha sido sumamente prudente: la investigación que la Corte Suprema de Justicia le abrió por un caso que involucra presuntos delitos de soborno y de fraude procesal.

A pesar de ser una persona conocida por expresar sus airadas opiniones por casi cualquier asunto, Uribe opinó muy poco sobre el caso por el que hoy le ordenaron casa por cárcel: un expediente judicial que se remonta hasta 2014, cuando el senador Iván Cepeda denunció a Uribe por presuntos nexos con el paramilitarismo y que se convirtió, con los años, en una investigación por manipulación de testigos. Solo se limitó a contestar en una indagatoria que rindió en octubre de 2019 que desconocía cualquier tipo de pagos que su abogado, Diego Cadena, les hubiera hecho a los testigos involucrados. “Todo lo que yo busqué afanosamente fue la verdad”.

FOTO: GUILLERMO TORRES - SEMANA

Una frase tan simple como esa, en boca de una persona como Uribe, es capaz de despertar múltiples pasiones. Mientras muchos ven en ella el sentimiento de un patriota, otros ven un tono populista. Esta capacidad de despertar sentimientos tan radicales solo se puede explicar explorando la propia figura de Uribe, un político que marcó profundamente la historia de Colombia.

Uribe nació hace 68 años en Medellín. Vivió su infancia en una finca en Salgar, en el suroeste de Antioquia, en un lugar donde aprendió a querer los caballos y la vida en el campo. Su papá, Alberto Uribe, fue un finquero que tenía tierras en varios lugares de Antioquia y que fue asesinado en un intento de secuestro cuando el expresidente tenía 25 años. Eso lo obligó a tomar las riendas de su familia: hoy, tiene dos hijos, Jerónimo y Tomás, y cuatro nietos, con los que intenta pasar la mayor parte de su tiempo libre, según le dijo a Vicky Dávila en SEMANA TV.

ÁLVARO URIBE Y SU ESPOSA, LINA MORENO.

En su libro de memorias, ‘No hay causa perdida’, Uribe recuerda una escena en la que él intentó hacer una maniobra peligrosa, cuando era un adolescente, durante una corrida de toros mientras que su papá, desde la multitud, solo lo invitaba a permanecer firme: “Sospecho que ese día mi padre me enseñaba el modo de enfrentar una amenaza: burlarme, mirarla directamente a los ojos y guiñarle un ojo, aunque mi corazón palpitara con fuerza. Porque –tal como me lo había dicho mi padre– solo hay dos maneras maneras de salir de la plaza de toros: en un ataúd hacia el cementerio o sobre los hombros de la multitud. En este tipo de vida no existe el camino del medio”.

 

Mano firme

Los valores radicales de Uribe lo han llevado a defender con vehemencia sus posiciones. Cuando estudió derecho en la Universidad de Antioquia, uno de sus maestros fue Carlos Gaviria (q. e. p. d.), el exmagistrado de la Corte Constitucional y excandidato a la Presidencia reconocido por sus ideales de izquierda. Cuando murió Gaviria, en el año 2015, Uribe expresó sus condolencias escribiendo que “para confrontarlo se requería estudiar”. Después, Uribe comenzó su carrera política: fue concejal de Medellín, senador de la República y gobernador de Antioquia, siempre bajo las banderas del Partido Liberal.

Mientras fue senador en los años ochenta, defendió con firmeza la Ley 100, que creó el actual sistema de seguridad social y de pensiones. Ya a finales de los años noventa, se separó del Partido Liberal y se lanzó a la Presidencia en 2002 con un lema de campaña que se centraba en la seguridad democrática y el enfrentamiento frontal contra la guerrilla.

Después de haber sido elegido en primera vuelta con el 53 por ciento de los votos, Uribe comenzó a convertirse en uno de los hombres más influyentes de Colombia. En un país totalmente acostumbrado a los periodos presidenciales de cuatro años, impulsó una reforma constitucional que le permitió reelegirse y gobernar hasta el año 2010. Sus ideas sirvieron, además, como plataforma de la elección de dos presidentes: Juan Manuel Santos, quien había sido su ministro de Defensa, e Iván Duque, que consiguió el poder con la plataforma del partido Centro Democrático, creado por Álvaro Uribe y otros políticos en 2013 con el fin de ejercer oposición contra el gobierno de su exaliado, Santos, en un momento en el que avanzaban las negociaciones de paz con las Farc, que Uribe siempre criticó fuertemente.

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Uribe, de hecho, es un firme convencido de sus ideas. Abrió Twitter justo antes de dejar la Presidencia y, también en contravía de la tradición de los expresidentes colombianos que se retiraban cuando terminaban su mandato, comenzó a convertirse en una voz activa en la política colombiana. Tanto que en 2018 se lanzó para encabezar la lista al Senado del Centro Democrático, que consiguió 2.501.000 votos y 19 curules. Gracias a ese liderazgo, Uribe fue senador por segunda ocasión en su vida. Sin embargo, debido a la orden judicial de arresto domiciliario que tiene efecto inmediato, su curul como senador quedó suspendida.

 

Uribe y el pueblo

El apoyo popular de Uribe, por un lado, se basa en su estilo de gobierno. Cuando fue presidente comenzó a organizar los consejos comunitarios, en donde una comitiva iba un sábado a diferentes municipios del país y el propio presidente ordenaba acciones para solucionar los problemas. Este estilo de microgerencia le trajo también grandes contradictores, como Antanas Mockus, quien señalaba que este tipo de eventos afectaba la autonomía de los gobiernos regionales y daba un mensaje de centralización del poder. 

La otra razón fueron los golpes militares que, durante su mandato, logró darle a la guerrilla: los operativos en los que se dieron de baja a cabecillas como Raúl Reyes y la Operación Jaque, que logró el rescate de varios soldados secuestrados y de Íngrid Betancourt, además de éxitos militares, dieron mensajes mediáticos de fortaleza.

En la otra orilla, sin embargo, Uribe ha enfrentado fuertes críticas por sus estrategias de gobierno. La decisión que tomó en los años noventa, cuando fue gobernador de Antioquia, de apoyar las redes de vigilancia conformadas por civiles, también conocidas como Convivir, tiene, para algunos líderes de opinión, una conexión temporal con el auge del paramilitarismo en zonas como el Urabá. Además, durante su gobierno como presidente de Colombia ocurrieron hechos como los falsos positivos y escándalos de interceptaciones ilegales a periodistas y políticos de oposición.

Frente a estos hechos, Uribe siempre se ha defendido. En 2016, cuando Human Rights Watch hizo una denuncia sobre los falsos positivos, no dudó en decir que “en 2003, cuando la Seguridad Democrática comenzaba a dar sus frutos, algunos voceros del terrorismo, escudándose en el tema de derechos humanos, empezaron a decir que no se daba de baja a terroristas, sino que se asesinaba a campesinos” y que “el tema de los falsos positivos ha servido también para encubrir falsas e injustas acusaciones contra algunos integrantes de las Fuerzas Armadas”.

Ahora, muy probablemente, Uribe continuará con su defensa. Porque ese ha sido su estilo: no dar nunca el brazo a torcer.

Frente a la decisión de la detención domiciliaria anunciada por la Corte Suprema de Justicia, la defensa puede presentar un recurso de reposición.  Mientras eso sucede, el expresidente podrá seguir convocando apoyo a través de sus redes sociales. Ya lo hizo en 2017, cuando en un tuit, sin decir la razón, les pidió a sus seguidores que lo defendieran: “Cuando digan ‘Uribe cometió tal error’, respondan: ‘Perdónenlo, que es que el hombre quiere al país’”.

Vea en gráficas la línea del tiempo del proceso de Álvaro Uribe