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| 3/10/2019 6:58:00 AM

Buen mano a mano entre Duque y Santos en contra y a favor del glifosato

En la audiencia de la Corte Constitucional sobre el uso del glifosato quedaron planteadas dos formas opuestas de combatir los cultivos ilícitos: la del expresidente Juan Manuel Santos, que se opone a la aspersión aérea, y la del presidente Iván Duque, que la defiende.

Santos y Duque en la Corte Constitucional debatieron sobre glifosato Buen mano a mano entre Duque y Santos en contra y a favor del glifosato Foto: Archivo particular

Duque: "No podemos renunciar a ninguna herramienta"

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1. EVIDENCIA CIENTÍFICA

La Corte Constitucional estableció la existencia de “evidencia objetiva y concluyente que demuestre ausencia de daño” como una de las principales reglas para que el Gobierno recuperara la aspersión aérea en la lucha antidrogas. El Gobierno no presentó esa evidencia ante la Corte ni le dio un nuevo despliegue al tema. Duque se enfocó en señalar el riesgo para los derechos de las comunidades de la expansión de los cultivos y con base en ello pidió modular el fallo. El fiscal general citó los estudios de la OMS para subrayar que la calificación de “posiblemente cancerígeno” también se les aplica a las carnes rojas, al tinte de cabello y al café.

2. DERECHOS PONDERADOS

Duque invitó a la Corte a aplicar la teoría de la ponderación cuando dos o más derechos chocan. Según él, el debate tiene que ver con los riesgos que enfrenta el país por el crecimiento de los cultivos ilícitos, que alcanzaron las 180.000 hectáreas, y los efectos que desencadenan en los territorios. Haber suspendido la fumigación con glifosato disparó la coca, la cual afecta los “derechos de los colombianos, especialmente de los más vulnerables”, quienes quedan en medio de los grupos armados que pelean por el control de la producción y las rutas. Según el Observatorio Nacional de Salud, en los municipios con sembrados la gente tiene 82 por ciento más probabilidades de morir por violencia.

3. COMBINAR LAS FORMAS DE LUCHA

La experiencia indica que en los momentos más aciagos de amenaza de los carteles de la droga, Colombia tenía cerca de 50.000 hectáreas. En 1999 llegó a 180.000, y hacia 2012 logró reducirlas a un poco menos de 60.000. Esa cifra sin precedentes implicó combinar muchas herramientas, entre ellas el desarrollo alternativo, la erradicación manual y, desde luego, la aspersión aérea.

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4. INCENTIVOS PERVERSOS

La aspersión y la sustitución no son antagónicas. Las herramientas más efectivas se han ido desmontando. No hay cómo frenar la más grande amenaza al orden constitucional en muchos lugares del territorio y, por el contrario, existen incentivos perversos. “Si nosotros estamos ofreciendo dinero de manera indeterminada en el tiempo para que se pague por la erradicación, hay un doble incentivo perverso: el primero, sembrar y comercializar lo sembrado, y el segundo, recibir el dinero por desmontar lo ya sembrado”, detalló el mandatario sobre el Plan Nacional de Sustitución de Cultivos implementado por Juan Manuel Santos.

5. LA AMENAZA DEL MICROTRÁFICO

En su más reciente informe (entre 2012 y 2017), el Estudio Nacional de Consumo encontró consumo del 12 por ciento en menores. Los indicadores muestran que el uso de sustancias psicoactivas entre adolescentes se disparó. “Si pensamos en la visión integral, necesito dejar claro que aquí también hay problemas de salud pública que nos llevan a ver a Colombia no solamente como un país que comercializa estupefacientes, sino como uno donde el consumo se ha convertido en una amenaza para muchas familias colombianas”, dijo el mandatario.

6. MÁS VOLUMEN Y EFICIENCIA

Los grupos manuales de erradicación en el país pueden arrancar al día entre dos y tres hectáreas. La aspersión destruye aproximadamente entre 120 y 150 en ese mismo lapso. Pero esa no es la única diferencia: el primero es 2,65 veces más costoso que el segundo. Y hay un detalle adicional que el Gobierno no quiere perder de vista: la coincidencia entre la suspensión de la práctica y el aumento indiscriminado de cultivos que enfrenta el país.

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7. EL LADO AMBIENTAL QUE FALTA

Poco se habla de los más de 4 millones de litros de ácido sulfúrico que llegan a la selva tropical húmeda de Colombia por cuenta de la producción de cocaína. Tampoco se habla de los otros 3 millones de litros de amoniaco que libera, los 248.000 de ácido clorhídrico y los 102 millones de galones de gasolina usados en la cadena criminal de producción. Por eso, para la actual administración, si el debate gira en torno al uso de químicos o herbicidas, se debe tener en cuenta este aspecto, que, según expertos, afecta por cada hectárea sembrada más de 1,8 hectáreas de selva tropical húmeda.

8. HAY UN CARÁCTER MÁS CRIMINAL QUE SOCIAL

Según el Gobierno, algunos han tratado de sembrar la idea de que quienes están dedicados a los cultivos ilícitos lo hacen porque allí encuentran la única oportunidad de subsistencia. “No nos digamos mentiras, el crecimiento que ha tenido esta expansión acelerada de cultivos ilícitos muestra que esta es una industria criminal que cuando llega a las regiones amordaza, amenaza y afecta los derechos de los propios campesinos, porque los obliga, los ciñe, los lleva a un yugo donde está presente la capacidad de influencia criminal de quienes tienen el control sobre esos territorios”, aseguró Duque.

"La guerra es contra las drogas, no contra la gente"

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1. EL GLIFOSATO ES VENENO

El expresidente Juan Manuel Santos revivió en la audiencia las políticas progresistas en materia de lucha contra las drogas que caracterizaron su segundo gobierno. La medida más radical fue la suspensión de las aspersiones aéreas con glifosato. La decidió el Consejo Nacional de Estupefacientes para cumplir el principio de precaución ordenado por las altas cortes. La concentración de glifosato necesaria para matar la hoja de coca es diez veces mayor que la usada en el agro. Dijo que, en esas proporciones, el herbicida puede ser un veneno.

2. DAÑOS EN LA SALUD

El exministro Alejandro Gaviria insistió en la relación del glifosato con la mortalidad infantil y el aumento de las tasas de abortos involuntarios. También con los problemas dermatológicos y respiratorios. Para ello citó estudios colombianos e internacionales. Santos, por su parte, señaló que Ecuador demandó ante la Corte Internacional de Justicia por los efectos a la salud de sus ciudadanos que causó la aspersión en la frontera. Admitió que este caso terminó en la conciliación porque era probable que la Corte prohibiera la aspersión en todo el país.

3. HAY ZONAS VEDADAS

El constante uso de glifosato en la lucha contra las drogas empujó a los cultivadores a mantener sus sembrados en parques naturales, resguardos indígenas y hasta zonas de frontera donde la fumigación está prohibida. Ese panorama no ha cambiado a la fecha: de acuerdo con el último informe de la ONU, 79.000 de 171.000 hectáreas de coca están en zonas que cumplen con estas características. Y “el resto está entremezclado con productos lícitos. ¿Y dónde diablos vamos a fumigar con aviones?, me preguntaba un general de la Policía hace un par de días”, agregó el expresidente.

4. LO QUE NO FUNCIONA

Durante 2006 y 2007 el gobierno hizo los mayores esfuerzos de aspersión –172.000 y 153.000 hectáreas– pero en esos dos años la producción aumentó, explicó Santos. Dijo que no se puede argumentar que el incremento de la producción de los últimos años se deba a que hayan suspendido la aspersión. La erradicación forzosa manual también ha mostrado problemas. Tiene “un costo altísimo en materia de vidas humanas para la fuerza pública y para los erradicadores civiles”. Santos agregó: “Un esfuerzo logístico monumental, donde se llegaron a asperjar más de 1.800.000 hectáreas en total, resultó inefectivo e ineficiente por el alto porcentaje de resiembra (60 por ciento)”.

5. LA SUSTITUCIÓN ES EL CAMINO

Santos apuesta por la sustitución voluntaria para acabar con los cultivos. A los cultivadores, como eslabón más débil, hay que ofrecerles “alternativas y no envenenarlos”. Citó el reciente informe de la ONU para señalar que la resiembra por sustitución voluntaria solo alcanzó el 0,6 por ciento y la forzosa el 35 por ciento. Alrededor de 130.000 familias expresaron su voluntad de acogerse a programas de sustitución voluntaria: “La respuesta no puede ser fumigarlos con veneno”, dijo. Criticó que este Gobierno diga que hay un compromiso con los acuerdos de paz cuando elimina la Dirección del Programa de Sustitución de la Presidencia. También tuvo espacio para un mea culpa. Admitió que fue un estímulo perverso anunciar durante la negociación con las Farc que habría un programa de incentivos para la sustitución.

6. UNA LUCHA DEL MUNDO

La experiencia en la cruzada contra las drogas le enseñó a Colombia que ningún país solo puede derrotar un negocio tan lucrativo y multinacional. “Una guerra que no se ha podido ganar en medio siglo es una guerra fracasada”, dijo el exmandatario. Recordó que le hizo un llamado al mundo para que todos estudiaran estrategias diferentes a aquellas basadas exclusivamente en la represión. El enfoque únicamente punitivo se debe reemplazar por uno de derechos humanos, de salud pública, de más educación y prevención, “sin dejar de combatir las mafias que controlan el negocio”.

7. ATACAR EL CONSUMO

Hay que tratar el consumo como un problema de salud pública y no de policía: “La guerra debe ser contra las drogas, no contra la gente”, aseguró el exmandatario. Santos considera el gran objetivo de la lucha mundial contra las drogas quitarles a las mafias sus cuantiosas ganancias y que los Estados las capturen. Reconoce que el consenso es clave, pero falta mucho para que llegue.

8. LEGALIZACIÓN, UNA SOLUCIÓN

Mientras haya consumo y prohibición, habrá mafias que obtengan lucro. Por eso, según el exmandatario, hay que arrebatarles el control del negocio a los criminales. Es decir, legalizar. “Esto se logra con un buen control, una adecuada regulación de una oferta y un consumo debidamente autorizados, legalizados, como ya hacen varios países”. Sin embargo, el expresidente es consciente de que la comunidad internacional está lejos de acoger esa alternativa. Por eso, señala, hay que seguir en la lucha contra el narcotráfico con pragmatismo, sin “volver al pasado con estrategias ya ensayadas que fracasaron”.

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