El día en el que la tierra tembló con furia y sacudió a Pereira, el Aeropuerto Internacional Matecaña fue uno de los principales afectados: los vuelos comerciales se suspendieron —oficialmente no está claro cuándo retornarán— y algunos de los pasajeros vivieron el susto del terremoto de magnitud 7,4, incluso, en el interior de las aeronaves comerciales que estuvieron a punto de despegar de la pista aérea. El susto —relataron algunos de los ocupantes— fue impresionante.
Los aviones estaban a punto de partir cuando la tierra se sacudió fuertemente. Los pilotos acataron la orden de detener las operaciones y no despegaron. Todos permanecieron en tierra. Los pasajeros bajaron preocupados mientras el piso y las estructuras a su alrededor continuaban sacudiéndose.
Desde este lunes, el Matecaña —uno de los aeropuertos más antiguos del país, con 82 años de construido y posteriormente remodelado— cerró sus puertas. Los puentes aéreos por donde ingresan los taxis y carros particulares están sellados con cintas amarillas que indican peligro. Policías y personal de seguridad bloquean el ingreso y salida por seguridad.
Las imágenes de la fachada confirman la magnitud de la tragedia: los vidrios elevados cayeron al piso, la estructura metálica quedó doblada y el cielo falso amenaza con desprenderse. En algunos tramos quedó colgando porque el terremoto lo sacudió, pero no llegó a derribarlo.
Por todos lados hay escombros, pese a que, desde este 10 de agosto, las directivas del Aeropuerto Internacional Matecaña se pusieron al frente y empezaron a recoger lo que encontraban. Las estructuras de madera desde donde atendían las aerolíneas nacionales e internacionales quedaron destruidas. También las sillas y la publicidad.
Los negocios comerciales de café, restaurantes, artesanías y duty free cerraron sus puertas. Algunos comerciantes trataron de salvar sus productos. Otros los dejaron a la intemperie y están expuestos ante el inclemente polvo que se resiste a desaparecer del lugar.
Luis Fernando Collazos, el gerente del Aeropuerto Internacional Matecaña, es optimista. Habló con SEMANA y dijo que espera que en los próximos días se reanuden las operaciones aéreas nacionales. Las internacionales serán imposibles, por el momento.
Si lo logra, es porque la estructura física y las bases de la edificación del Matecaña, en Pereira, están en buenas condiciones.
El edificio no se desplomó y más de 200 vehículos particulares que permanecían estacionados en el sótano del aeropuerto quedaron en buenas condiciones. Ese hecho —a juicio del gerente— confirma que la terminal resultó afectada en su fachada y en obras que pueden restituirse.
Como si fuera poco, hay dos ingenieros expertos que conocen como pocos la terminal y que concluyen que la pista de aterrizaje no se afectó tras el terremoto.
SEMANA constató el ingreso y la salida de aviones Hércules de la Fuerza Aérea y helicópteros de la Policía que transportan rescatistas para reforzar la búsqueda de sobrevivientes de la tragedia. El avión del presidente Abelardo De La Espriella también aterrizó este martes sin problema.
La idea de las directivas del aeropuerto es habilitar el área internacional —la menos afectada— y permitir el ingreso de pasajeros nacionales. El check-in tendría que realizarse manualmente, como ocurría anteriormente, mientras se habilita toda la operación administrativa. Todo depende de nuevos estudios de expertos que se realizarán en estos días.
El interior del Aeropuerto Internacional Matecaña confirma la furia del terremoto. El techo colapsó y a simple vista el daño es impactante. También resultaron afectadas algunas paredes. Personal especializado, con cascos y chalecos de protección, trabaja diariamente para fragmentar los escombros y retirarlos hacia la parte externa de la edificación, donde varias retroexcavadoras los sacan del sitio.

A las afueras hay pasajeros con tiquetes en mano que preguntan ansiosos qué pasará con sus vuelos. La respuesta de las empresas es la misma: “El aeropuerto está cerrado hasta nueva orden. Podemos cambiar su tiquete para que salga desde Ibagué, Armenia o Bogotá. En un teléfono les pueden brindar más información”.
Nadie se molesta. Todos entienden que el Aeropuerto Internacional Matecaña tiene que alistarse para atender nuevamente a los viajeros y que nadie pudo predecir un terremoto como el del lunes pasado.