Bogotá

El depredador de Ciudad Bolívar: SEMANA conoció los detalles del modus operandi de un criminal que habría abusado de más de 19 mujeres en Bogotá

Aunque solo nueve víctimas han comenzado un proceso judicial, las autoridades tienen un registro de 19 mujeres abusadas por este hombre. No obstante, los investigadores dicen que pueden ser hasta 50.

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29 de noviembre de 2025, 7:17 a. m.
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El depredador de Ciudad Bolívar; el modus operandi del criminal que habría abusado de más de 19 mujeres en Bogotá. | Foto: SEMANA

El femicidio de Catalina Leyva, de 24 años, fue la pieza clave para que los investigadores empezaran a jalar el hilo de una historia de terror que se armó pieza por pieza en una de las zonas más recónditas del barrio Perdomo, en Ciudad Bolívar. En las montañas se escondía uno de los depredadores sexuales más peligrosos que ha tenido la capital durante los últimos años.

SEMANA revela los detalles del modus operandi del hombre que tiene un registro de 19 víctimas que fueron abusadas sexualmente, golpeadas y extorsionadas. Y aunque esta es la cifra que reposa en los anaqueles de la Policía, son los mismos investigadores los que aseguran que la cifra real podría sobrepasar los 50 casos.

Entre los archivos del hombre se encontraron decenas de videos de mujeres, algunas de ellas menores de edad, en medio de actividades sexuales. En las grabaciones se percibe el terror de las víctimas, la cara de angustia camuflada en un placer mentiroso que era infligido por el depredador, por su verdugo.

El señalado llegó a Colombia hace cuatro años proveniente de Venezuela. Según la investigación, formaba parte de la Guardia Nacional Bolivariana. Se radicó en el sur de Bogotá.
El señalado llegó a Colombia hace cuatro años proveniente de Venezuela. Según la investigación, formaba parte de la Guardia Nacional Bolivariana. Se radicó en el sur de Bogotá. | Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

Las 19 mujeres, que hasta ahora fueron plenamente identificadas por las autoridades y cayeron en las garras del abusador, fueron trabajadas psicológicamente por semanas en medio de un juego en el que el hombre lograba hacerse pasar por hasta 20 personas diferentes; a veces era fotógrafo, a veces mánager de modelos, otras veces asistente de los dueños de una empresa de modelos webcam, e incluso se personifica como una de las niñas que había recibido millonarios pagos de ese supuesto negocio al que las invitaban.

A Catalina Leyva la encontraron las autoridades el 8 de noviembre de 2024 en la parte más alta del Perdomo. Su cuerpo fue abandonado en medio de la maleza, en ese momento era un crimen sin resolver y con muchos interrogantes. Sin embargo, los elementos recolectados en esa escena del crimen y los hallazgos de la necropsia empezaron a arrojar pistas claves.

Las muestras de fluidos encontradas en el cuerpo de Catalina y que fueron cotejadas con las de las otras cuatro mujeres que aseguraron haber sido abusadas en esa misma zona apuntaron a un mismo hombre.

Un lobo en las montañas

Cardín Daniel Montilla, de 27 años, era el sujeto que se escondía detrás de la fachada de empresario de modelos webcam que reclutaba mujeres para abusarlas.

De 1,75 metros de altura, de contextura robusta, tez oscura y una mirada que carga la maldad sin arrepentimiento; Montilla llegó a Colombia desde hace tres años, escapado de las filas de la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela y desde entonces vivió escondido en Ciudad Bolívar, de donde tuvo que salir cuando, presuntamente, cometió el feminicidio de Catalina.

Aunque en ese momento regresó a Venezuela, cruzando la frontera de forma irregular, su estadía en el vecino país no duró mucho, pues lo buscaban para acabar con su vida.

El presunto abusador fue capturado in fraganti mientras acechaba a una de sus víctimas y la conducía hacia una de las zonas boscosas de Ciudad Bolívar.
El presunto abusador fue capturado in fraganti mientras acechaba a una de sus víctimas y la conducía hacia una de las zonas boscosas de Ciudad Bolívar. | Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

En el país vivía con su esposa, de nacionalidad venezolana, quien fue detenida por hurto el mismo día que cayó el depredador.

A la mujer también se le investiga por complicidad en el asesinato de Catalina y de los otros vejámenes que Montilla habría cometido con las demás víctimas. Al parecer, en las escenas de tantos crímenes habría un tercer cómplice.

Una sábana y pañitos

“El agresor no improvisa”. Esa fue la frase que repitió uno de los investigadores al revelar la forma en la que el abusador logró cooptar a todas sus víctimas.

Las autoridades identificaron que Montilla, camuflado en una identidad desconocida, usaba las redes sociales para pescar.

Mensajes ofreciendo pagos de 4 millones de pesos por semana eran el anzuelo. En grupos de Facebook como ‘Solo gente Usme’, ‘Negocios Soacha’, ‘Trabajo en la zona Aurora’ y ‘Oportunidades Ciudad Bolívar’, Montilla publicaba el mismo mensaje desde diferentes cuentas.

Una vez las mujeres se contactaban por interno con él, se presentaba como una mujer que hacía castings para la empresa Great Scene Studios y les solicitaba que enviaran tres videos de tipo sexual y siete fotos en ropa interior con las características que él les imponía.

No todas caían. Pero una vez identificaba a las víctimas más frágiles, las incluía en un chat de WhatsApp donde, supuestamente, había otras 25 chicas que participaban del negocio. Sin embargo, todas las personas que estaban en ese grupo eran él mismo, pero desde diferentes cuentas.

Chats que fueron revelados en medio de la investigación. | Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API
Las víctimas eran captadas por redes sociales desde donde el abusador les ofrecía trabajos como modelos y pagos de hasta 4 millones de pesos por semana.
Las víctimas eran captadas por redes sociales desde donde el abusador les ofrecía trabajos como modelos y pagos de hasta 4 millones de pesos por semana. | Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

En ese punto la historia cambiaba. Las víctimas, deslumbradas por el dinero y las supuestas referencias de éxito de las otras chicas, accedían a ir a un casting presencial sin saber que ese día sería un encuentro directo con la muerte. Una visita al infierno.

“Traigan una sábana, pañitos húmedos, no se depilen y lleguen puntual a la estación del Perdomo”, era lo que decía el mensaje de citación.

Una vez las mujeres llegaban a la estación indicada, el teléfono sonaba. Era Montilla.

El depredador tenía identificadas a sus víctimas, las rastreaba y las vigilaba desde la parte más alta de una montaña, donde podía ver todo el camino desde la estación. Luego de la llamada, les pedía que enviaran fotos de los puntos donde estaban y él les indicaba el camino. Las guiaba paso a paso hasta sus brazos.

La escena revelaba algo más: el hombre conocía la topografía del sector. Sabía dónde fallaba la luz, qué callejones se quedaban sin paso, por dónde se podía escapar con un cuerpo sin ser visto.

Este depredador se movía con la familiaridad solo de alguien que llevaba años estudiando la zona sin llamar la atención.

Una vez las mujeres llegaban al punto, aparecía él de la nada. “No se preocupe, yo soy el fotógrafo. Como usted no llegó a tiempo, la mánager se fue, pero queda a mi cargo. ¿Trajo lo que se le pidió?”, decía el hombre.

En el relato de la víctima había un patrón claro. Montilla no se acerca de frente. Llega por detrás, rápido, con precisión quirúrgica. Primero inmoviliza. Luego amenaza con un arma que nunca mostraba por completo. No hablaba mucho, lo justo, como si cada palabra fuera un riesgo innecesario. Esa economía del lenguaje no era simple frialdad, era puro cálculo.

En las montañas se escondía uno de los depredadores sexuales más peligrosos que ha tenido la capital durante los últimos años. | Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

Lanzaba a sus víctimas al suelo, sobre la sábana, las desvestía y les pedía que posaran para su cámara; que se grabaran haciendo lo que él pedía.

En los videos que se adjuntaron como material probatorio en la audiencia, se percibe el terror, la involuntariedad de las mujeres; en algunos casos, lágrimas.

Una vez el hombre obtenía los videos, que posteriormente usaba para extorsionarlas si denunciaban, saltaba sobre ellas para abusarlas, para golpearlas, lacerarlas e, incluso, causarles la muerte, como a Catalina.

Las autoridades avanzan sobre un mapa marcado con rutas, horarios y puntos donde varias víctimas coincidieron sin saberlo.

Policía realizando procedimiento en el caso del depredador de Ciudad Bolívar. | Foto: César Flechas-SEMANA

Esas coincidencias, que antes parecían casos aislados, hoy son piezas de un mismo rompecabezas. Lo que emerge de toda esta historia es el rasgo de la mente criminal de un hombre que ha probado su modelo una y otra vez, actuando de manera sistemática, de un abusador serial, que hoy deja un saldo de 19 mujeres abusadas.

Sin embargo, aún hay decenas de estas mujeres que no han sido identificadas por las autoridades y que todavía esconden sus testimonios en la sombra por miedo a las represalias. Por ahora, el depredador ya está tras las rejas.

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