Este miércoles 11 de febrero, la capital del país se volvió a estremecer tras el asesinato del empresario del sector arrocero Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez Garzón.
Este doble homicidio en el norte de Bogotá sucedió precisamente al cumplirse seis meses de la muerte del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, quien también fue asesinado.

Los familiares del senador del Centro Democrático se pronunciaron tras este violento hecho, que ocurrió a las afueras de un establecimiento ubicado en la calle 85 n.° 7-13, del barrio La Cabrera, en la localidad de Chapinero.
“Un día como hoy, hace seis meses, Miguel murió a causa de la violencia. Nuestro dolor es infinito. Hoy, a pocas cuadras de mi casa, un sicario disparó contra la vida de un hombre, padre de familia, esposo, hijo, hermano. Dos policías que lo protegían también fueron gravemente heridos”, dijo María Claudia Tarazona, exesposa de Uribe Turbay.

Ella también dio a conocer que el empresario asesinado la estuvo acompañando varias veces en la Fundación Santa Fe mientras el senador permanecía en UCI tras el atentado.
“Él y su esposa me acompañaron varias veces en la clínica, en misa y en mi duelo. Qué dolor, qué angustia, qué tristeza nuestro país. Abrazo con el más sincero amor y compasión a toda su familia. Dios, ayúdanos, por favor”, agregó Tarazona.

Así mismo, María Carolina Hoyos Turbay, hermana del precandidato, también rechazó el crimen del empresario y se solidarizó con sus familiares, a quienes en su momento los acompañó en el duelo de su hermano Miguel Uribe.
“Mi familia y yo sentimos un dolor profundo. Recuerdo especialmente dos momentos que nunca olvidaré: una vez entró conmigo a la UCI y llevó la Virgen María hasta la habitación de Miguel. Y hace pocos meses, cuando Miguel ya había muerto, llevó nuevamente la Virgen María a nuestra casa y volvimos a rezar, a pedir consuelo y su amor”, relató Hoyos Turbay.
Y agregó: “Era un hombre de convicciones. Su amor por la Virgen María fue el puente que lo unió a muchas familias, entre ellas la nuestra. Su fe no buscaba protagonismo. Buscaba servir. No es aceptable que en Colombia sigamos enterrando hombres jóvenes y buenos. No es normal que las familias se desintegren por la violencia”.
