A través de redes sociales se viralizó la historia de Hilary, una colombiana, que compartió los detalles de una afectación de salud, relacionada con el uso de biopolímeros que inició hace siete años.
Por aquel entonces ella tenía 17 años; buscando un aumento de labios con ácido hialurónico, fue remitida a una supuesta especialista. El procedimiento, descrito inicialmente como sencillo y ambulatorio, desencadenó un dolor inmediato e inflamación persistente.
Pese a someterse a múltiples sesiones de hialuronidasa para intentar diluir el producto, los síntomas no disminuyeron. Tras trasladarse a Estados Unidos y posteriormente regresar a Colombia para consultar con un cirujano maxilofacial, los exámenes revelaron que la sustancia inyectada no era hialurónico, sino silicona mezclada con aceite industrial.
Este hallazgo obligó a Hilary a enfrentar tres cirugías complejas entre 2021 y 2026. La última intervención fue realizada en Colombia por una especialista que retiró las sustancias dañinas, en un procedimiento que duró siete horas.

Los especialistas confirmaron que el material había migrado desde los labios hacia el mentón y los pómulos. Actualmente, la afectada continúa en terapias para recuperar la movilidad facial y advierte sobre la existencia de personas que ejercen la medicina sin los títulos ni la ética requerida.
El impacto en figuras públicas: los casos de Cediel y Tejeiro
La problemática de los biopolímeros ha afectado también a figuras de la televisión nacional. El caso de Jessica Cediel es uno de los más documentados judicialmente.

Tras un procedimiento realizado en 2009, la presentadora inició un proceso de salud que ha incluido cinco cirugías reconstructivas para extraer material que se adhirió a sus músculos lumbares.
En el ámbito legal, la Corte Suprema de Justicia condenó a 48 meses de prisión al médico responsable por el delito de lesiones personales.
Por su parte, la actriz Lina Tejeiro enfrentó una situación similar tras recibir inyecciones que le fueron presentadas como vitaminas en un centro de estética en 2014.

Años después, el material se encapsuló, causándole dolores y una enfermedad autoinmune conocida como síndrome de Asia. Tejeiro ha pasado por dos extracciones abiertas y, aunque ha decidido no tomar acciones legales, utiliza su experiencia para alertar sobre la imposibilidad de retirar estos químicos en su totalidad.
Complicaciones recurrentes y salud actual
Yina Calderón representa uno de los casos con mayor número de intervenciones. Desde 2014, cuando recibió inyecciones bajo la promesa de tonificar sus glúteos con vitamina C, ha enfrentado más de 20 procedimientos, incluyendo reconstrucciones y extracciones de emergencia por la aparición de masas.

En mayo de 2025, tras una compleja cirugía y estudios de resonancia, los médicos indicaron que finalmente se encontraba libre de la mayor parte del material.
Estas sustancias están prohibidas en múltiples países desde finales de la década de los 90 debido a su toxicidad, pero su uso clandestino persiste.

Los testimonios coinciden en que las secuelas no son solo físicas, sino que implican un alto costo económico y emocional debido al dolor crónico y la necesidad de monitoreo médico de por vida.
La verificación de la idoneidad del especialista y del producto a inyectar es la recomendación principal de quienes han sobrevivido a estas prácticas.
