En Colombia, donde la conservación suele asociarse a la restricción, un grupo de mujeres plantea una aproximación distinta desde los territorios. Se trata de Mujeres por la Conservación, un proceso liderado por Sara Inés Lara que articula acciones cotidianas para el cuidado de la biodiversidad con la construcción de identidad y bienestar comunitario.
El movimiento desarrolla iniciativas como la elaboración de artesanías, la creación de huertas comunitarias y procesos de formación orientados a la transmisión de saberes ancestrales. Estas acciones buscan proteger especies y ecosistemas, al tiempo que inciden en los hábitos, fortalecen la identidad cultural y aportan a la economía local.
“Mujeres por la Conservación parte de una idea muy sencilla: conservar no es renunciar, es crear futuro. Cuando cuidamos un bosque, una especie o un saber, también estamos cuidando nuestra historia, nuestra economía y nuestra dignidad como comunidades”, afirma Lara.

El enfoque del programa se organiza en torno a tres ejes: crear, transformar y conservar. Crear se entiende como innovación desde la tradición; transformar, como un proceso de cambio social y ambiental en los territorios; y conservar, como un compromiso con la vida en sus distintas expresiones.
“Cuando una mujer transforma su relación con la naturaleza, transforma también su entorno. La conservación genera orgullo, pertenencia y esperanza, porque nos recuerda que somos parte de la solución y no solo espectadores de la crisis ambiental”, agrega la líder.
En medio de los retos climáticos y la pérdida de biodiversidad, la iniciativa plantea una narrativa basada en la acción comunitaria y la construcción diaria de alternativas desde los hogares, las escuelas y los territorios, con una visión de futuro sostenible.









