A menos de un mes de las consultas interpartidistas y las elecciones al Congreso, los ruidos que minan la confianza en los resultados y que provienen desde la Casa de Nariño suben de decibeles y preocupan a más de un sector político.
Este miércoles, 18 de febrero, el ministro del Interior, Armando Benedetti, lanzó una fuerte advertencia desde Cúcuta, en Norte de Santander, donde lideró una Comisión de Seguimiento Electoral. Habló de un “error” en el tarjetón diseñado por la Registraduría y se refirió al riesgo de un posible “fraude”.

“El tarjetón para las consultas no tiene el espacio en blanco. Entonces si el elector no marca el tarjetón queda abierta la posibilidad de que lo marque otro. Esa fue para mí una falla, una falla que puede dar pie a un fraude. Porque ¿quién garantiza que el tarjetón no marcado no lo puedan marcar después? Nadie”, respondió Benedetti.
El ministro habló del riesgo de “fraude” horas después de que el presidente Gustavo Petro manifestará públicamente su molestia con el registrador, Hernán Penagos, porque explicó que en el diligenciamiento del formulario E-14 las casillas en blanco no deben marcarse y advirtió que llenarlas con símbolos puede generar dificultades técnicas e inconsistencias en el proceso de consolidación de datos.

Petro, molesto, respondió a través de su cuenta oficial de X: “Dejar casillas en blanco en los formularios de las mesas firmadas por jurados lleva al fraude electoral. Las casillas deben llenarse con X para que no sean transformadas en números falsos ante mesas que no logran tener testigos electorales. La Registraduría debe impedir este tipo de estímulos al fraude”.
Esta no es la primera vez que Petro se enfrenta a la Registraduría y habla del riesgo de “fraude” en las elecciones de 2026.
En diciembre de 2025, el presidente se molestó porque aparecía la bandera de Estados Unidos y el logo de la embajada gringa en la página web de la Registraduría. Las imágenes estuvieron acompañadas por el símbolo de la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas, donde se leía: “Comunícate las 24 horas desde cualquier lugar del país en tus dispositivos móviles o fijos”. El objetivo era que los ciudadanos tuvieran otro canal para reportar los posibles fraudes electorales.
Petro, quien tenía fuertes fracturas en su momento con el presidente Donald Trump, disparó su arsenal de críticas contra la Registraduría.

“¿Por qué la Registraduría deja que se intervengan nuestras elecciones en sus softwares por los EE. UU.? Eso sí se llama preparar un fraude”, afirmó.
En 2025, la Misión de Observación Electoral (MOE) les salió al paso a los señalamientos de la izquierda que apuntaban a que, a través de lapiceros y tarjetas electorales, podría generarse un fraude. “El sistema electoral colombiano es fiable”, afirmó con contundencia la directora Alejandra Barrios.
En otra oportunidad, en 2024, Petro volvió a lanzar críticas contra la Registraduría. “El software de la Registraduría con que se hacen los escrutinios es maleable, es modificable, es débil, es manipulable desde adentro y desde afuera, y fue a través del software que se hizo el fraude al Partido Mira, en beneficio de otros que ya no vale la pena recordar”, denunció.
Como si fuera poco, Gustavo Petro tampoco confía en Thomas Greg & Sons, la firma privada que contrató la Registraduría para que adelante toda la logística de las elecciones del 2026. Lo paradójico es que esa empresa ha organizado las cuatro elecciones en las que él ha participado y triunfado.
Petro, contra todo pronóstico jurídico, emprendió una batalla para quitarles el millonario contrato de pasaportes.
“Absolutamente inmoral que candidatos de alta gama de la oligarquía dirijan la empresa que hace los cómputos. Enorme burla a la democracia”, dijo el presidente en su momento.
“Yo no quiero aplazar elecciones. Pero eso de traer una empresa que fue detectada por su software en un fraude electoral, ni más ni menos que por la justicia de Colombia, pone en riesgo, por completo, la transparencia electoral”, manifestó en otro.
Gustavo Petro no sustenta sus afirmaciones con pruebas, pero las denuncias las hace el presidente de Colombia, quien debería garantizar la calma y la transparencia.
Sus palabras generan preocupación en sectores de oposición que se preguntan cuál será el interés del presidente en minar la confianza en los resultados de marzo de 2026. Temen que esté ambientando desde ya un posible fraude en caso de que la izquierda resulte derrotada en las urnas.
