La Corte Suprema de Justicia abrió una indagación preliminar contra la senadora Isabel Cristina Zuleta, del Pacto Histórico, para establecer su posible responsabilidad en hechos ocurridos durante un procedimiento en la cárcel La Picota, en Bogotá, relacionado con Andrés Felipe Marín Silva, alias Pipe Tuluá, uno de los cabecillas criminales más relevantes del suroccidente del país.

La actuación que ahora revisa el alto tribunal está vinculada a un allanamiento de la Fiscalía en ese centro penitenciario, en el que se habría producido la entrega de un arma de fuego hallada en un patio de extraditables.
La Corte busca establecer si la presencia y el rol de la congresista se ajustaron a las competencias legales de un miembro del Congreso o si, por el contrario, se cruzaron límites que corresponden exclusivamente a las autoridades judiciales y penitenciarias.

Ahora bien, expertos juristas han precisado que la indagación previa no equivale a una acusación formal, sino a una fase inicial destinada a verificar hechos, contrastar versiones y determinar si existen méritos para abrir una investigación penal.
En este punto, el análisis se concentra en el contexto del procedimiento, la naturaleza de la diligencia y el alcance real de la intervención de la senadora.

El episodio ocurre en medio del proceso de extradición de alias Pipe Tuluá a Estados Unidos, donde es requerido por cargos asociados al narcotráfico y concierto para delinquir.
Su situación jurídica ha estado marcada por múltiples recursos judiciales que han sido rechazados por distintas instancias, incluida la propia Corte Suprema, que avaló la legalidad del trámite de extradición.

La apertura de la indagación también reavivó el debate político sobre la relación entre representantes del poder legislativo y personas privadas de la libertad con alto perfil criminal, especialmente en escenarios donde se cruzan decisiones de seguridad nacional, cooperación judicial internacional y control institucional.
La senadora Zuleta se ha insistido en que su actuación se dio en el marco de sus funciones políticas y de verificación en el marco de los procesos de paz, y que no hubo intención de interferir en decisiones judiciales ni administrativas. No obstante, será la Corte Suprema la encargada de definir si los hechos ameritan avanzar en una investigación formal.










