A cuatro meses para que se acabe el mandato de Gustavo Petro, la vicepresidenta Francia Márquez decidió hablar en medios internacionales y dejó al descubierto su evidente distanciamiento con el primer mandatario.

En una entrevista con el diario británico The Guardian, Márquez hizo evidentes las fisuras dentro del Gobierno de Gustavo Petro, denunció prácticas de racismo institucional y relató cómo se fue diluyendo su poder político hasta salir del Ministerio de Igualdad.
El mensaje de Márquez fue directo. El racismo no es un asunto aislado, sino un problema estructural del Estado. Según dijo, esa realidad también se expresó dentro del propio Ejecutivo, donde, aseguró, su liderazgo fue cuestionado y, en ocasiones, minimizado por su origen y su agenda política.

En ese contexto, la vicepresidenta reconoció que la relación con el presidente Petro atraviesa su punto más frío. Aunque evitó hablar de ruptura, dejó claro que la comunicación entre ambos se redujo de forma significativa desde hace más de un año, justo cuando empezaron los choques por decisiones clave de Gobierno.
Uno de los episodios que marcó ese quiebre fue su paso por el Ministerio de Igualdad. Márquez sostuvo que dedicó buena parte del mandato a estructurar esa cartera en medio de limitaciones administrativas y presupuestales, pero que su salida se dio cuando el proyecto empezaba a tomar forma. La lectura que deja entre líneas es política: perdió margen de maniobra dentro del Gobierno.

La vicepresidenta también puso sobre la mesa un elemento incómodo para la Casa de Nariño, que fueron las resistencias internas frente a su agenda. Afirmó que hubo sectores que vieron en su figura una amenaza, no solo por su discurso, sino por lo que representa: una mujer afrodescendiente en uno de los cargos más altos del poder.
A pesar de ese escenario, Márquez defendió el alcance simbólico de su paso por el Gobierno. Su presencia, insistió, abrió una puerta en una estructura históricamente excluyente, aunque el costo haya sido alto en términos políticos.

En la entrevista, Francia Márquez también hizo un paralelo con figuras internacionales para dimensionar lo que, según ella, implica ejercer el poder siendo una mujer racializada.
Mencionó el caso de Kamala Harris en Estados Unidos, señalando que, pese a las diferencias de contexto, existen patrones similares de cuestionamiento, estigmatización y escrutinio desproporcionado.

La vicepresidenta colombiana sugirió que estos liderazgos enfrentan no solo oposición política tradicional, sino también barreras simbólicas asociadas a su identidad.
En esa línea, Márquez planteó que su experiencia no es un caso aislado, sino parte de una dinámica global en la que mujeres en posiciones de poder, especialmente afrodescendientes, son objeto de resistencias adicionales.