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Las movidas de Roy Barreras y su control del Congreso: gana por punta y punta

El hombre que ostenta el récord de haber pasado de un lado al otro del espectro político en apenas dos períodos presidenciales se convirtió en la figura clave del nuevo presidente. Sagacidad, inteligencia y capacidad de negociación.


Resulta paradójico, pero Gustavo Petro encontró la fórmula para tratar de impulsar el cambio en un político tradicional: Roy Barreras. El hoy presidente del Senado siempre tiene un as bajo la manga. Con cara gana y con sello también.

Este habilidoso negociador político, uno de los congresistas más influyentes de los últimos 12 años, sin ser funcionario del nuevo gobierno se ha convertido en la figura más destacada de los tiempos que se avecinan.

En términos futbolísticos, es el capitán que dirige al equipo desde la mitad de la cancha y aparece en el momento oportuno para meter el gol. Casi siempre está en el equipo ganador y no tiene ningún pudor en cambiar de camiseta: primero fue discípulo de Álvaro Uribe, luego de Juan Manuel Santos y ahora de Gustavo Petro. Y para todos ha sido determinante.

Como jefe de debate y componedor interno, Barreras movió los hilos tras bambalinas para que el Pacto Histórico llevara una lista cerrada al Congreso, lo que les permitió apalancarse en la figura de Gustavo Petro para obtener un resultado histórico: por primera vez la izquierda alcanzó la bancada más grande del Senado.

Al mismo tiempo, durante la campaña presidencial, tendió puentes con otras fuerzas alternativas y progresistas, pero también con la clase política tradicional. El petrismo entendió que para el cambio necesitaba a los de siempre.

Durante la campaña, en público, se mostró como un componedor, un conciliador, un hombre experto en construir acuerdos, pero a la vez en privado ayudó a fraguar la estrategia para ‘quemar’ y atacar sin piedad a sus contrincantes. Tal vez seguidor de Maquiavelo, puso en práctica aquello de que “el fin justifica los medios”.

Esta sagacidad política, con el triunfo de Petro en las manos, la puso luego en práctica para lograr, contra todo pronóstico, que el nuevo gobierno, sin ni siquiera posesionarse, ya tuviera mayorías en su coalición de gobierno. Partidos como el Liberal, La U y algunos de los conservadores no tardaron en entregarse a la causa del petrismo.

Y lo logró, como le dijo un congresista liberal a SEMANA, “sin absolutamente nada a cambio”. “Hasta el momento comprometimos el apoyo sin haber recibido representación alguna”.

Con la coalición en sus manos, Barreras se encargó luego de tejer con filigrana los acuerdos políticos para conformar las mesas directivas del Congreso. Y nuevamente fue absoluto triunfador.

En un hecho inédito, logró que un mismo partido, el Pacto Histórico, tuviera al mismo tiempo no solo las presidencias del Senado y la Cámara de Representantes, lo que ya es una proeza, sino las comisiones económicas del Senado, que es donde se tramitará la reforma tributaria, el proyecto más importante para Petro en el arranque de su gobierno.

El petrismo tendrá el control absoluto de la reforma tributaria del nuevo gobierno, algo que no había logrado ni siquiera Santos en los mejores tiempos de la aplanadora de la Unidad Nacional.

Y ahora, ya instalado como presidente del Senado, Barreras se anotó una nueva jugada. En medio de una enredada elección de contralor, llena de demandas, de denuncias y tropiezos por todos lados, revocó lo que había hecho el anterior Congreso y convocó a una nueva comisión para rearmar la lista de 10 elegibles.

Según se ha dicho en el Congreso, lo hizo como un intento porque fuera incluido Julio César Cárdenas, muy cercano al presidente Petro, y quien había quedado por fuera de la lista. A Barreras le habría dado esa orden el propio Petro, al ver que estaba muy cercano e impulsando la candidatura de María Fernanda Rangel al organismo de control.

La decisión de revocar lo hecho hasta el momento y convocar a una nueva comisión le generó toda una pelotera en el Congreso que llevó a la renuncia de varios congresistas a conformar esa comisión al considerar que esto sería prevaricato. Prácticamente nadie daba un peso por que Barreras lograra su cometido.

Pero nuevamente apareció con un as bajo la manga. Con un concepto jurídico bajo el brazo, anunció que, por el contrario, quienes no asistieran a la reunión de la comisión, convocada para este jueves, estarían faltando a la ley, es decir, estarían prevaricando. Y, mágicamente, al momento de la cita, llegaron la mayoría de los congresistas convocados.

No obstante, el malestar de los partidos tradicionales era tal que, nuevamente, dejaron por fuera al candidato Cárdenas, una derrota para Petro pero no para Barreras. De él se ha dicho que no solo es cercano a Rangel, sino también a su paisano Carlos Rodríguez, quien se estaría convirtiendo en el plan B del petrismo. Roy nunca pierde.

La paz

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- Foto: Semana

La habilidad de Barreras, único congresista en tumbar a un ministro de Defensa (Guillermo Botero, 2018), lo que ni Jorge Robledo ni el propio Petro consiguieron en dos décadas como jefes de oposición, ya estaba probada desde tiempo atrás.

Durante el gobierno de Juan Manuel Santos fue el cirujano de las reformas constitucionales para blindar el proceso de paz. Su obra maestra, bautizada fast-track, pretendía aprobar en seis meses reformas y acuerdos que por ley se debían debatir en un término de entre uno y dos años.

Esta fue la fórmula salvadora para que Santos pudiera aprobar en tiempo récord las normas base para implementar el Acuerdo de Paz con las Farc.

También apareció como salvador cuando, de manera sorpresiva, ganó el No en el plebiscito de 2016. Con toda la calma, Barreras se acercó a Santos, quien aún no asimilaba el golpe, y le propuso refrendar lo negociado vía Congreso, pues al fin y al cabo el Legislativo es la representación del pueblo. Y así fue como, luego de renegociado con la oposición, el acuerdo se convirtió en realidad.

El hombre que ostenta el récord de haber pasado de un lado al otro del espectro político en apenas dos períodos presidenciales, al saltar del uribismo al petrismo, arrancó su carrera política en 1995 como candidato a la Cámara suplente, por el movimiento Alternativa Popular, de origen galanista, e hizo oposición al presidente Ernesto Samper.

Diez años después (2006-2010) regresó al Capitolio, en representación de Cambio Radical. Fue coordinador ponente de la reforma política con la que el Congreso pretendía sancionar el pecado de la parapolítica.

En 2010 saltó a La U, con el número 5 en el tarjetón, con el eslogan “de frente por el presidente” y la promesa de defender el legado de Álvaro Uribe, en apariencia seguro, en manos de Juan Manuel Santos.

Entre 2010 y 2018 se convirtió en uno de los principales alfiles de Santos, especialmente en materia de paz.

Y ahora llegó al petrismo para impulsar el cambio, pero apalancado en los mismos de siempre. Ese terminó siendo su as bajo la manga. Petro ve con prevención las movidas de Barreras en el Congreso. El presidente del Senado ha demostrado tener vuelo propio. En la puja por la Contraloría, sin duda, eso quedó en evidencia.