Política

Mujeres por la Democracia se pronunció sobre las ministras designadas para el Gobierno de Abelardo De La Espriella

“El debate legítimo es sobre resultados, no sobre imaginarios”, expresó en un comunicado.

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22 de julio de 2026 a las 5:11 p. m.
Abelardo De La Espriella y su equipo de ministros y ministras designados.
Abelardo De La Espriella y su equipo de ministros y ministras designados. Foto: SEMANA

El presidente electo Abelardo De La Espriella avanza en la conformación de su gabinete de Gobierno, el cual se posesionará el próximo 7 de agosto y dentro de los nombramientos se destacan varias mujeres.

Abelardo De La Espriella, presidente electo.
Abelardo De La Espriella podrá posesionarse en el departamento del Cauca; esta es la decisión del Senado

En ese sentido, Mujeres por la Democracia, se pronunció sobre ese tema en particular a través de un comunicado de prensa: “Hemos seguido con atención el proceso de conformación del nuevo gabinete ministerial y, con especial preocupación, la manera en que se ha abordado públicamente la designación de varias mujeres a carteras de alta responsabilidad”.

“No nos moviliza estar de acuerdo o en desacuerdo con cada perfil o trayectoria. Nos moviliza algo distinto: tan pronto se anuncia el nombre de una mujer para un ministerio, el debate público deja de lado lo que debería importar como su hoja de vida, su plan de trabajo, los resultados que se le van a exigir, y se concentra en quién es ella, con un nivel de descalificación que casi nunca se aplica de la misma manera a sus pares hombres”, expresó.

Comunicado Mujeres por la Democracia.
Comunicado Mujeres por la Democracia. Foto: Comunicado Mujeres por la Democracia.

Y agregó en el documento: “A esto se suma un cuestionamiento recurrente sobre su capacidad para liderar, gestionar y ejecutar, muchas veces antes incluso de que hayan tenido la oportunidad de demostrarlo. Hemos visto cómo, en cuestión de horas, la discusión sobre la idoneidad técnica de una ministra designada se convierte en juicio sobre su fe, su vida privada, su físico o su forma de hablar. Esa operación no es crítica política: es un ejercicio de violencia política por razón de género, que se apoya en imaginarios que llevan décadas reduciendo a las mujeres en el poder a su apariencia o a su vida personal, y que termina produciendo un trato cruel y despectivo que ningún proyecto político debería tolerar, venga de donde venga”.

Y puso sobre la mesa varios puntos a tener en cuenta en los debates:

  1. El debate legítimo es sobre resultados, no sobre imaginarios. Toda ministra designada debe responder por su plan de trabajo, sus metas y su gestión, exactamente como se le exige a cualquier ministro. Su capacidad debe evaluarse a partir de su desempeño y sus resultados, no ponerse en duda de antemano por el hecho de ser mujer. Ese es el único rasero admisible en una democracia que se toma en serio la idoneidad.
  2. La crítica política no puede disfrazar la violencia simbólica. Cuestionar decisiones, perfiles o posturas es sano y necesario; recurrir a estereotipos que reducen a una mujer a su matrimonio, su fe o su apariencia no lo es. Llamamos a la clase política, a los medios y a la opinión pública a distinguir entre ambas cosas.
  3. El costo de este trato no es solo individual. Cada vez que una mujer designada es tratada con desdén por ser mujer, se envía un mensaje disuasivo a otras que considera ejercer liderazgo público. Eso erosiona, en silencio, los avances que Colombia ha logrado e representación femenina —incluida la aplicación de la Ley de Cuotas— y compromete la calidad misma del debate democrático.