La enfermedad renal crónica avanza silenciosamente en Panamá y ya afecta a cerca de 150.000 personas, según estimaciones de especialistas y autoridades de salud.
De ese total, más de 3.000 pacientes reciben actualmente tratamiento de diálisis, una terapia indispensable cuando los riñones pierden su capacidad de filtrar toxinas y líquidos del organismo.

Crece la preocupación por el aumento de casos y la demanda de tratamientos de diálisis en Panamá
Estas cifras, reflejan una tendencia preocupante que también se observa a nivel global.
Según especialistas y organismos sanitarios, la enfermedad renal crónica afecta aproximadamente a uno de cada diez adultos en el mundo.
Esto evidencia la magnitud del problema y la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y diagnóstico temprano.
En Panamá, el sistema de salud enfrenta una creciente presión debido al aumento sostenido de pacientes que requieren estas terapias.
Las autoridades sanitarias estiman que más de 3.000 personas reciben diálisis en el país, mientras que aproximadamente 250 pacientes permanecen en lista de espera para un trasplante renal.
Esta es una alternativa que puede mejorar significativamente la calidad de vida de quienes padecen insuficiencia renal avanzada.
El impacto de la enfermedad va más allá del ámbito médico.
Expertos advierten que la ERC no solo deteriora la calidad de vida de los pacientes, sino que también aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de muerte prematura.
Además, genera consecuencias sociales y económicas para las familias, debido a la necesidad de tratamientos continuos y hospitalizaciones frecuentes.

Panamá refuerza prevención y diagnóstico temprano de la enfermedad renal
Ante este panorama, el Ministerio de Salud de Panamá ha impulsado programas de educación comunitaria y estrategias de prevención orientadas a detectar la enfermedad de manera temprana.
Estas iniciativas buscan promover controles médicos periódicos y hábitos saludables que permitan preservar la función renal y reducir la carga de esta enfermedad en el sistema sanitario.
Especialistas coinciden en que el diagnóstico oportuno es clave para cambiar el pronóstico de los pacientes.
Uno de los mayores desafíos es que la enfermedad puede avanzar durante años sin provocar síntomas claros.
En sus primeras etapas, los signos suelen ser poco específicos y pueden confundirse con otras afecciones, lo que retrasa el diagnóstico.
Entre las señales que eventualmente pueden aparecer se encuentran hinchazón en las extremidades, fatiga persistente, cambios en la frecuencia o el aspecto de la orina y trastornos del sueño.
Por otra parte, diversos factores incrementan el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
Entre los más comunes se encuentran la diabetes y la hipertensión arterial, consideradas las principales causas de daño renal crónico.
También influyen la obesidad, el tabaquismo y las enfermedades cardiovasculares.
Medios como Infobae han registrado que en algunas regiones del país se ha identificado, además, una forma denominada enfermedad renal crónica no tradicional, vinculada a condiciones ambientales como el calor extremo, la deshidratación y la exposición a toxinas.
Detectar la enfermedad en sus etapas iniciales permite iniciar tratamientos y cambios en el estilo de vida que pueden retrasar su progresión y evitar que las personas lleguen a fases críticas que requieran diálisis o trasplante.
