Esa punzada en la espalda, una articulación que no responde de la misma manera a la hora de caminar o coger un objeto, ese accidente que dejó una secuela que perdura y se trata, pero no se va. Son tantos padecimientos, señales o alertas con las que el cuerpo habla, pero que algunos por sentirse fuertes prefieren no atender u otros, cansados del mismo diagnóstico y los mismos tratamientos, se resignan a vivir con ello.
Todos esos cuadros clínicos se traducen en una sencilla palabra que es silenciosa y altamente ignorada hasta que se convierte en algo agudo o crónico. Es el dolor y muchas personas conviven con él creyendo que es “normal”, que pasará solo o que forma parte del envejecimiento, del trabajo o del ejercicio físico.
El dolor se ha convertido en uno de los síntomas de salud al que más se le debe prestar atención, pues un dolor de cabeza, de articulaciones, de espalda, de estómago o de garganta puede estar escondiendo algo más que el cuerpo necesita mostrar.

Un dolor que aumenta en números
Y es que los datos hablan por sí solos. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés), 1 de cada 5 adultos en el mundo lo padece, y 1 de cada 10 es diagnosticado con dolor crónico cada año.
Una cifra que preocupa y que llama la atención en el sector salud pues, como indica la OMS en su página “se calcula, por ejemplo, que entre la mitad y las dos terceras partes de quienes sufren dolor no pueden hacer ejercicio ni dormir normalmente, además de que no siempre son capaces de desempeñar tareas caseras, conducir un auto, caminar, tener relaciones sexuales, ni participar en actividades sociales".
Además, en Colombia, estudios realizados por Cifras y Conceptos y la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor muestran que las mujeres presentan mayor prevalencia de episodios de dolor (58 %) frente a los hombres (42 %), lo que abre el debate sobre factores biológicos, hormonales y sociales que influyen en su percepción y manejo.
“Las mujeres estamos muy acostumbradas a aguantar dolor, a no consultar de forma temprana y oportuna, acarreando así algunos impactos en calidad de vida. No significa que los hombres no lo hagan, pero hemos visto en las tendencias y lo que muestran los estudios, digamos un estudio de dolor específico realizado por los Andes, es que precisamente los hombres tienen esta capacidad de consulta un poco más oportuna y un poco más temprana”, destacó Melisa Kallmann, médica epidemióloga y directora médica de Bayer para la región Andina.

“Es el 80 % del motivo de consultas anuales”
La cifra de que el 80 % de las personas anualmente consultan por algún tipo de dolor es una de las situaciones que más llama la atención, pues como lo explica la epidemióloga Kallmann este es uno de los cuadros que más se presenta en urgencias y por eso recalca en que si bien es preocupante también el llamado está en que no se puede “dejar el dolor a un lado”.
“A entender que puede haber una patología detrás que incluso debemos manejar, así que el llamado es a que hagamos conciencia de que indistintamente de hombres o mujeres no aguantemos dolor”, indicó la experta, pues entre más se aplace o no se tenga en cuenta esa señal las complicaciones pueden ser peores.

Son muchos los factores, desde el estrés hasta una herida pueden generar un nivel de dolor que obliga a la consulta y por eso no siempre la alternativa es acudir a medicamentos de libre venta para calmarlo, sino “siempre es fundamental entender qué es lo que nos está causando ese dolor”.
En el caso de los niños, cualquier dolor puede ser un signo de alerta: “Es un signo de alarma, por lo tanto, el llamado es a que acudamos al pediatra de forma oportuna para entender qué es lo que puede estar sucediendo con ellos”.

De agudo a crónico, cuando “no es normal”
El dolor puede manifestarse de distintas maneras y también depende del rango del mismo que se pueda soportar, pero en los cuadros clínicos se maneja el agudo (dura poco tiempo, se asocia a una causa clara) o crónico (que persiste de forma constante más de tres meses), dependiendo del padecimiento o enfermedad de base, como también las señales que envía de que algo está ocurriendo al interior del cuerpo.
Son varias las enfermedades que entran en este cuadro, desde artrosis degenerativas, fibromialgias, cáncer hasta afecciones neurológicas, entre otras, que obligan a los pacientes a acudir a atender su dolor, además del padecimiento que lo provoca.
Kallmann detalló que siempre que se habla del crónico, este se asocia con las personas de tercera edad, pero este es un mito que se debe derribar, pues a cualquier edad puede presentarse.
“Lastimosamente, el dolor crónico cada vez le está tocando a personas de generaciones de forma más anticipada y por eso las especializaciones médicas, que se están haciendo ahora para el manejo del dolor, están recibiendo cada vez más población más joven”, dijo.
Además de tener en cuenta que si el dolor es agudo se necesita de una automedicación responsable y no abusar de ella con los medicamentos de venta libre, pues si el dolor persiste “ahí es importante consultar al profesional de la salud, puede ser un médico general que está en la capacidad de iniciar el manejo en la escalera del dolor”.
En un segundo eslabón, como lo explica la epidemióloga, están aquellos que son moderados, que no ceden a esos medicamentos, y es donde el médico debe identificar “si puede utilizar opioides o combinaciones con los corticoides que en este escenario son unos potentes coadyuvantes en el manejo también de las inflamaciones y del dolor y ya como último límite de la escalera del dolor para esos dolores severos tenemos los opioides que son más fuertes”.

Dolor y salud mental
El dolor no debería ser una constante ni algo que se normaliza por cultura, por carga de cuidado o por miedo a ir al médico, pues también está en juego la salud mental.
Si se trata de manera inadecuada, puede generar discapacidad funcional, trastornos del sueño, problemas emocionales y disminución del rendimiento laboral y personal. Diversos estudios señalan que hasta el 50 % de las personas con dolor crónico presentan ansiedad o depresión.
Además, aquellas enfermedades que son de larga data y de tratamientos largos debido a los fuertes dolores “empiezan a afectar en el 50 % la percepción de sentirse bien”, resaltó Kallmann.

“Personas que realmente ni siquiera pueden tomarse el deseo de desplazarse porque tienen que estar postradas en cama con un dolor crónico, es claro que va a afectar su funcionalidad y su calidad de vida que termina siendo una tríada hacia las emociones... eso genera frustración, va a haber un cese de las actividades, la persona va a tender a aislarse porque el estigma social es muy grande, el tema del ‘pobrecito’“.
Por eso, la recomendación es acudir a ayuda psicológica y acompañamiento: “si usted sufre de un dolor crónico asociado a una enfermedad de base, cuente con un profesional de la salud que le debe aliviar el dolor y que debe acompañarlo psicológicamente para que no le afecte precisamente su calidad de vida”, destacó la epidemióloga.










