Tres semanas después del terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto, la emergencia comienza a revelar una dimensión que puede quedar relegada frente a las necesidades más visibles de la reconstrucción: el acceso a la salud sexual y reproductiva. Mientras la respuesta humanitaria concentra buena parte de sus esfuerzos en atender a las personas heridas, garantizar agua, alimentación, alojamiento y protección, Profamilia advierte que hay servicios de salud que no pueden esperar a que termine la emergencia.

La organización señala que la crisis está profundizando las barreras para acceder a anticonceptivos, controles y atención durante el embarazo, tratamientos para el VIH y servicios destinados a sobrevivientes de violencia sexual. A estas necesidades se suman la salud menstrual y la atención de infecciones de transmisión sexual.


El llamado tiene una dimensión concreta: 11 sedes de Profamilia resultaron afectadas por el terremoto y la organización ha tenido que recuperar progresivamente su capacidad de atención, incluso mediante la habilitación temporal de algunos espacios. Al 31 de agosto, cuatro sedes permanecían completamente cerradas: Quibdó, Cali Tequendama, Cali Fertilidad y Dosquebradas.
La situación pone sobre la mesa una pregunta que suele perderse en medio de una catástrofe: ¿qué ocurre con quienes necesitan servicios de salud que no están asociados directamente con las lesiones producidas por el desastre?


“Cuando ocurre una emergencia, las prioridades cambian, pero las personas siguen teniendo necesidades de salud que requieren atención. La respuesta humanitaria debe acompañarlas de manera integral, sin dejar atrás aquellas necesidades que pueden parecer menos visibles, pero que tienen un impacto profundo en su bienestar y en su vida. Garantizar la salud sexual y reproductiva es también una forma de cuidar y proteger a las personas en medio de la emergencia”, afirmó Marta Royo, CEO de Profamilia.
La emergencia no detiene un embarazo ni un tratamiento

La advertencia de Profamilia parte de una realidad básica: las necesidades de salud sexual y reproductiva no se suspenden durante una emergencia. Una adolescente continuará menstruando y necesitará productos para gestionar su salud menstrual. Una persona embarazada necesitará controles y, eventualmente, atención para el parto. Quien vive con VIH debe mantener la continuidad de su tratamiento. Una persona que necesita anticoncepción no puede simplemente aplazarla indefinidamente. Y una sobreviviente de violencia sexual requiere atención médica, psicológica y medidas de protección, independientemente de que el sistema sanitario esté enfrentando las consecuencias de un desastre.

La afectación de la infraestructura sanitaria añade complejidad al escenario. Profamilia informó que 11 de sus sedes fueron impactadas por el terremoto y que desde entonces ha trabajado en recuperar de manera progresiva su capacidad de atención.
Algunas instalaciones han podido funcionar temporalmente, mientras continúan las evaluaciones de seguridad y las acciones necesarias para restablecer los servicios. Sin embargo, cuatro permanecen completamente cerradas: Quibdó, Cali Tequendama, Cali Fertilidad y Dosquebradas.

La cifra permite dimensionar que la emergencia también alcanzó a los prestadores que hacen parte de la red de atención. Recuperar una clínica no consiste únicamente en abrir sus puertas: implica verificar las condiciones de seguridad, restablecer equipos, garantizar talento humano, disponer de medicamentos e insumos y recuperar la capacidad de atender a pacientes.
Profamilia asegura que cuenta con 46 clínicas en el país y que pondrá a disposición de la respuesta humanitaria su capacidad técnica, talento humano, infraestructura y experiencia territorial para contribuir a mantener y recuperar los servicios en las zonas afectadas.


El desafío será hacerlo de manera coordinada con las autoridades y con los demás actores que participan en la respuesta. En ese contexto, Profamilia hace un llamado a que el Gobierno nacional, las autoridades territoriales, el sector salud, las organizaciones humanitarias, la cooperación internacional y las organizaciones sociales incorporen de manera explícita estas necesidades dentro de la respuesta al terremoto.
La organización también habilitó un mecanismo de donaciones a través de su plataforma institucional, como parte de la iniciativa Que mañana sea posible, con el propósito de contribuir a mantener el acceso a servicios y productos de primera necesidad para niñas, adolescentes y mujeres afectadas por la emergencia.
