En su más reciente columna de opinión publicada en SEMANA, la periodista Salud Hernández-Mora polemizó sobre el hallazgo de osamentas no identificadas en el cementerio de Roldanillo, Valle del Cauca, expuestas tras el derrumbe de uno de sus muros perimetrales por el sismo de San José del Palmar del pasado 10 de agosto.

La analista rechazó de manera categórica que los cuerpos con indumentaria militar pertenezcan a víctimas de ejecuciones extrajudiciales cometidas por la Fuerza Pública.

“Le tengo una mala noticia a la ultraizquierda. Los restos que encontraron en el cementerio de Roldanillo cuando el terremoto derribó uno de sus muros no son de ningún falso positivo”, aseveró Hernández-Mora al inicio de su texto.
Dirigiéndose a sectores del oficialismo y al ámbito judicial, la articulista enfatizó: “Señor Gustavo Petro, señor Iván Cepeda, exsenadora María José Pizarro, gente del Pacto Histórico, no le van a poder achacar estos restos a Álvaro Uribe, a su seguridad democrática. No fueron falsos positivos. Qué pena también con usted, magistrado Ramelli de la JEP. Tendrán que buscar en otros lados”.
El contexto histórico del Norte del Valle y la masacre de 2005
Para fundamentar su postura, la periodista recordó las dinámicas de violencia que azotaron a la región durante la primera década del siglo XXI, marcadas por la disputa del control territorial entre las redes del narcotráfico y los grupos insurgentes.
“Roldanillo no era el destino turístico pacífico y tranquilo de hoy en día (...) sino el epicentro de la guerra entre Los Machos de Diego Montoya, el último jefe del cártel del Norte del Valle, y su antiguo lugarteniente, y Los Rastrojos de Wilber Varela, alias Jabón”, explicó la columnista.

Hernández-Mora rememoró su trabajo de campo en el sitio para reconstruir la procedencia de los cuerpos archivados sin identificar.
“Recuerdo que era un 12 o un 13 de febrero del 2005. Yo estaba ese día aquí en el cementerio de Roldanillo (...) Trajeron ocho cuerpos descompuestos, uniformados y con botas de caucho, de Los Rastrojos que habían matado las Farc en un combate que tuvieron en el Cañón de Garrapatas”, argumentó.
Agregó que, tras la reclamación de varios familiares locales, “al final quedaron como dos o tres que nadie los reclamó jamás. Son las fotos que hice en su día. Luego escribí la crónica para la revista Gatopardo”.
Crítica al gasto de recursos y solicitud de intervención física
Al examinar los peritajes recientes desarrollados tras el fenómeno telúrico, la analista cuestionó la celeridad institucional y mediática con la que se abordó el caso.
“21 años después, en el informe sobre lo descubierto por el terremoto, registraron restos de solo dos personas (...) Además de uniformes y botas que pudieron ser de muertos, de Machos y Rastrojos”, puntualizó la periodista sobre el inventario forense.

Finalmente, instó a las entidades estatales y organismos de justicia transicional a redirigir la atención y los presupuestos hacia las necesidades de la infraestructura local y la atención efectiva a los buscadores de desaparecidos.
“En lugar de gastar toda esa plata en tiquetes de avión, en desplazamientos de Cali y de Bogotá, en busca del falso positivo para ver cómo podían criticar a Uribe y a las Fuerzas Militares, podían emplear todo ese dinero en arreglar el muro del cementerio”, concluyó.
