Su trabajo es ayudar a reconstruir el tejido social que la guerra desgarró. Lo hace desde la dirección general de la Corporación Milvíctimas, que brinda apoyo legal y psicosocial a los miembros de la Fuerza Pública (activos o retirados) y a sus familias en los procesos de reconocimiento como víctimas del conflicto armado. Llegó a esta posición en 2024, luego de liderar el área jurídica durante cuatro años.
“Toda la vida he peleado contra las injusticias”, dice. Por eso estudió Derecho en la Universidad Incca de Colombia. Tuvo que trabajar para pagarse la carrera, mientras su mamá la ayudaba cuidando a su hijo. Inmediatamente después se especializó en Derecho Penal.
En la empresa de energía Codensa manejó el área de litigio estratégico. Luego hizo una judicatura en la Fiscalía, y un reemplazo como fiscal local. En esa labor conoció a muchas personas y se ocupó de casos grandes, entre ellos varios de lavado de activos.
Antes de vincularse a Milvíctimas, conocía bien el campo de los Derechos Humanos. Su firma de abogados, que continúa activa, lleva esta clase de procesos en escenarios locales e internacionales.
Haberse sumergido a fondo tanto en la justicia ordinaria como en la transicional le ha dado una visión muy amplia, que le permite desempeñarse con soltura en ambos escenarios. “En los procesos ordinarios, el abogado (de la contraparte) te muestra los dientes. Para ganar tienes que ser más hábil que el otro y buscar dónde cometió un error. En la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), en cambio, se trata de escuchar y entender al otro, de establecer un diálogo y de ir llegando en conjunto a la verdad. Es un proceso que transforma a las personas”.
Pero esto último no es fácil. “Las grandes transformaciones se dan paso a paso. Hoy puedo ayudar en una audiencia a que una madre descargue su rabia y se vaya tranquila a su casa, por primera vez en mucho tiempo, pero mañana puedo estar ante un compareciente que no reconoce su culpa”.
Actualmente está concentrada en abrirle campo a la Corporación en escenarios internacionales –para darles más visibilidad a los militares y policías que han sido víctimas de la guerra– y en conseguir recursos para seguir trabajando por su causa. En los primeros meses de este año viajó a Washington y otras ciudades estadounidenses. En Nueva York visitó la sede de las Naciones Unidas y en Florida se reunió con líderes de organizaciones de veteranos y representantes de la sociedad civil.
“Me llena de emoción trabajar para personas que han sido héroes de la patria y devolverles la dignidad que les quitaron”.
