Marzo será un mes cargado de fenómenos astronómicos que entusiasman a millones de aficionados, especialmente aquellos que podrán observarse a simple vista y captarse en fotografías para disfrutar en compañía de amigos o familiares.
El primero de ellos será el 3 de marzo, cuando se producirá la llamada “Luna de sangre”, es decir, un eclipse lunar total. Durante este evento, la Luna adquirirá un tono rojizo, un efecto poco común que solo ocurre en este tipo de eclipses debido a la forma en que la atmósfera terrestre filtra la luz solar. El fenómeno podrá verse desde distintos países, lo que representa una gran oportunidad para los amantes de la astronomía.
Más adelante, el 20 de marzo tendrá lugar el equinoccio, un fenómeno astronómico que ocurre dos veces al año, cuando el Sol se sitúa directamente sobre el ecuador terrestre. En ese momento, el día y la noche tienen casi la misma duración en todo el planeta.

Cada año se registran dos equinoccios: uno en primavera y otro en otoño. Tras el equinoccio de otoño, el hemisferio correspondiente comienza a inclinarse progresivamente alejándose del Sol, lo que reduce las horas de luz diaria. Como consecuencia, el Sol sale más tarde y se oculta más temprano. Esta inclinación continúa hasta el solsticio de invierno, cuando alcanza su punto máximo.

En 2026, el equinoccio de otoño ocurrirá el 20 de marzo a las 14:46 GMT en el hemisferio sur y el 23 de septiembre a las 00:06 GMT en el hemisferio norte.
Aunque el equinoccio no puede observarse directamente, sí se perciben algunos de sus efectos. Por ejemplo, alrededor del equinoccio de otoño, la Luna llena suele salir más temprano debido a la alineación entre la órbita lunar y la inclinación del eje terrestre. En 2026, la Luna llena más cercana al equinoccio otoñal será el 2 de abril en el hemisferio sur y el 26 de septiembre en el hemisferio norte.

Otro efecto visible es el aumento de la actividad de las auroras boreales y australes. Durante los equinoccios, los polos magnéticos de la Tierra se alinean de manera más favorable con el viento solar, lo que intensifica estos espectáculos luminosos.
Además, este periodo es ideal para observar la luz zodiacal, un resplandor tenue con forma piramidal que aparece cerca del horizonte. Puede verse después del atardecer en primavera y antes del amanecer en otoño, siempre que las condiciones del cielo sean adecuadas.
