Un grupo multidisciplinario de investigadores chilenos del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la Universidad Andrés Bello (UAB) confirmó el descubrimiento de una nueva especie de pulpo de aguas profundas en el Pacífico suroriental, tras analizar ejemplares resguardados por décadas en museos internacionales.
El hallazgo, divulgado en la Revista de Ciencias Marinas e Ingeniería, constituye el primero de este género en 25 años, amplía a once el número de especies reconocidas dentro de su familia y refuerza la importancia biológica de una de las regiones más aisladas del planeta para los esfuerzos globales de conservación.

En la investigación participaron entidades como la Universidad de Concepción y el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago, que subrayaron la necesidad de ampliar las Áreas Marinas Protegidas ante la riqueza aún desconocida del fondo oceánico, considerado por los especialistas como un gran reservorio de biodiversidad.
El descubrimiento posiciona al sector sur del Pacífico suroriental como un punto clave para futuras exploraciones científicas. La especie fue clasificada dentro del género Graneledone y recibió el nombre de Graneledone sellanesi, denominación otorgada por María Cecilia Pardo y Christian Ibáñez en reconocimiento a Javier Sellanes, académico de la Universidad Católica del Norte e investigador vinculado al Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas.

La estructura genética y morfológica de esta especie le permite resistir condiciones extremas, como la alta presión y las bajas temperaturas del océano profundo. Sus ventosas adaptadas y la tonalidad clara de su piel son el resultado de un proceso evolutivo que le ha permitido asentarse en el lecho marino, un entorno que durante años fue considerado casi estéril.
Este pulpo endémico se distribuye en las profundidades del Pacífico suroriental, particularmente en los montes submarinos de la Dorsal de Juan Fernández, dentro de la zona económica exclusiva de Chile. En esta área, las formaciones geológicas actúan como verdaderos refugios de biodiversidad, ya que las corrientes marinas transportan nutrientes que favorecen la presencia de organismos complejos.
Especialistas sostienen que este cefalópodo sería prácticamente exclusivo de las aguas chilenas, debido a las condiciones únicas de su entorno marino. Sin embargo, advierten que su hábitat enfrenta amenazas crecientes, como la minería en fondos oceánicos y los efectos de la crisis climática, factores que podrían alterar de forma irreversible estos ecosistemas.
El investigador Christian Ibáñez destacó que dicho material resultó determinante para confirmar la existencia de la nueva especie, pues la falta de análisis previos mantuvo estos registros en el anonimato por años.
