La Tierra no tiene un único punto de equilibrio completamente fijo. A lo largo del año, la lluvia, la nieve, el hielo, los océanos y hasta el aire cambian de lugar, modificando ligeramente la distribución del peso del planeta.

Un equipo del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA desarrolló un método para medir con mayor precisión ese desplazamiento, que alcanza apenas unos milímetros. El estudio fue publicado en Geophysical Journal International.
No se mueve el planeta como tal
El fenómeno no significa que la Tierra esté cambiando de órbita o perdiendo estabilidad. Lo que cambia es la posición de su centro de masa, es decir, el punto que representa el equilibrio del peso de todo el planeta.
Cuando enormes cantidades de agua, hielo o aire se concentran en determinadas regiones, ese punto se desplaza ligeramente respecto del centro geométrico de la Tierra.

El geocientífico del JPL Donald Argus, quien lideró el trabajo, explicó que la nueva estimación reduce de manera importante la incertidumbre existente.
“Ahora estimamos que el desplazamiento anual del centro de masa de la Tierra es aproximadamente la mitad de lo que creíamos hace ocho años”, afirmó Argus. “Nuestros hallazgos sugieren que la masa de agua y aire de la Tierra que se mueve entre los hemisferios es menor de lo que se pensaba”.
El agua modifica el equilibrio
Los investigadores identificaron tres grandes factores detrás de estos cambios: los océanos, la atmósfera y el agua que permanece sobre los continentes, incluida la nieve, el hielo, los ríos, los lagos, la humedad del suelo y el agua subterránea.
En marzo, por ejemplo, la acumulación de nieve en Norteamérica y Eurasia desplaza el centro de masa unos 3 milímetros hacia el Polo Norte. Un mes después, el aumento del agua de lluvia en la cuenca amazónica provoca un desplazamiento de unos 2,2 milímetros hacia Sudamérica.
¿Por qué interesa medirlo?
Aunque el movimiento es diminuto, conocerlo con precisión resulta importante porque el centro de masa funciona como referencia para sistemas de navegación por satélite y mediciones de elevación.
Felix Landerer, coautor del estudio en el JPL, destacó la importancia de estas mediciones: “Si bien estos movimientos pueden parecer insignificantes, nuestro mundo moderno depende de mediciones de posicionamiento extremadamente precisas”.

El equipo combinó mediciones láser, GPS y datos de satélites para mejorar el cálculo. Las estimaciones también coinciden con observaciones de la misión GRACE-FO, que mide cambios en el campo gravitatorio relacionados en buena parte con el movimiento del agua.
El texto queda por debajo de las 400 palabras y evita presentar el fenómeno como una alerta, porque las fuentes no dicen que exista una preocupación o un riesgo para la Tierra.
