El espacio sigue siendo uno de los territorios más enigmáticos para la ciencia. A pesar de los avances tecnológicos, continúa despertando preguntas sobre su origen, composición y los objetos que lo atraviesan. En ese contexto, 3I/ATLAS se ha convertido en uno de los mayores misterios recientes, al tratarse del tercer objeto interestelar detectado por la humanidad, después de 1I/’Oumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019.
Sin embargo, más allá de su descubrimiento, lo que realmente generó controversia fueron sus características inusuales, que lo diferenciaban de los cometas tradicionales. Algunos expertos incluso plantearon la posibilidad de que pudiera tratarse de tecnología de origen no humano. Esta hipótesis fue defendida por el astrofísico Avi Loeb, aunque posteriormente, tras nuevas observaciones e imágenes más detalladas, la NASA mantuvo su clasificación oficial como cometa.
Aunque se pensó que el debate disminuiría tras su mayor acercamiento a la Tierra el 19 de diciembre de 2025, el interés científico no ha desaparecido. Por el contrario, ha cobrado nuevo impulso ante una propuesta ambiciosa: enviar una nave espacial para interceptar 3I/ATLAS en el año 2035.

¿Se enviará una nave espacial a 3I/ATLAS?
La propuesta se basa en el llamado efecto Oberth. Si bien la oportunidad para una misión directa ya había pasado cuando el objeto fue descubierto, investigaciones recientes plantean una alternativa viable mediante propulsión química y el uso de la Maniobra Solar Oberth (SOM). Esta estrategia consiste en realizar una combustión cerca del Sol para aprovechar el efecto Oberth —un fenómeno que permite aumentar significativamente la velocidad de una nave cuando enciende sus motores en un punto de máxima velocidad orbital— y así acelerar rumbo al objeto, que actualmente se aleja del Sistema Solar.

De acuerdo con un estudio publicado en arXiv, la misión sería técnicamente posible, aunque extremadamente desafiante. El año más favorable para el lanzamiento sería 2035, dentro de una ventana que se extiende entre 2031 y 2037. La interceptación, no obstante, ocurriría entre 35 y 50 años después del despegue.
El plan implicaría acercar la nave hasta 3,2 radios solares del centro del Sol, utilizar propulsores de combustible sólido y contar con una capacidad de carga considerable, como la que podría ofrecer una Starship Block 3 reabastecida en órbita terrestre baja. Además, sería indispensable incorporar un escudo térmico capaz de resistir temperaturas extremas.
La sonda debería soportar temperaturas de hasta 1.400 °C mediante un blindaje térmico avanzado. Según el investigador Adam Hibberd, podría emplearse un escudo de carbono similar al utilizado por la sonda Parker, reforzado con capas adicionales de aerogel para proteger los instrumentos científicos del intenso calor solar.

Por su parte, el científico T. Marshall Eubanks señaló que Júpiter desempeñaría un papel clave para ajustar la trayectoria y reducir la velocidad de la nave, facilitando una aproximación segura a 3I/ATLAS mediante una maniobra gravitacional sin precedentes.
En el escenario más optimista, la interceptación se produciría entre 30 y 50 años después del lanzamiento, a una distancia aproximada de 732 unidades astronómicas del Sol, una región extremadamente lejana y aún poco explorada del espacio interestelar cercano.
