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La nueva arma nuclear de Estados Unidos genera preocupación: tendría una capacidad destructiva 24 veces superior a la de Hiroshima

La nueva bomba “antibúnker” busca combinar un alto poder destructivo con una capacidad de penetración sin precedentes.

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10 de junio de 2026 a las 6:12 p. m.
Foto de referencia de un arma nuclear.
Foto de referencia de un arma nuclear. Foto: Getty Images

El mundo estaría presenciando un cambio significativo en la estrategia militar estadounidense. Mientras durante años la modernización nuclear se concentró en sistemas de disuasión y capacidad de respuesta, el programa NDS-A apunta a una nueva generación de armamento diseñada para neutralizar instalaciones estratégicas ocultas bajo tierra. Este tipo de objetivos incluye centros de mando, búnkeres militares, complejos de almacenamiento y estructuras fortificadas.

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La nueva bomba “antibúnker” busca combinar un alto poder destructivo con una capacidad de penetración sin precedentes. Gracias a sistemas de guiado de precisión y tecnologías avanzadas de navegación, el arma estaría diseñada para alcanzar con exactitud puntos específicos antes de detonar, reduciendo el margen de error y aumentando su efectividad contra infraestructuras de alta prioridad militar.

El anuncio generó preocupación entre los expertos, quienes advierten que el desarrollo de este tipo de armamento podría intensificar la competencia estratégica entre las principales potencias. En un contexto marcado por las tensiones con Rusia, China e Irán, la aparición de nuevas capacidades nucleares de ataque alimenta los temores sobre una renovada carrera armamentista, en la que cada avance tecnológico podría desencadenar respuestas similares por parte de otros países.

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La nueva bomba “antibúnker” busca combinar un alto poder destructivo con una capacidad de penetración sin precedentes. Foto: Getty Images / Photofex

La nueva arma nuclear de Estados Unidos genera preocupación

Para lograr ese objetivo, el nuevo sistema ha sido concebido para atacar instalaciones consideradas “duras y profundamente enterradas”. Estas estructuras suelen albergar centros de comando estratégicos, depósitos de armamento y complejos nucleares construidos para resistir bombardeos convencionales. Su ubicación subterránea representa uno de los mayores desafíos.

La diferencia fundamental entre una bomba antibúnker y una bomba convencional radica en la forma en que libera su energía destructiva. Mientras las armas tradicionales explotan al impactar o a cierta altura para maximizar los daños en superficie, los modelos antibúnker están diseñados para penetrar profundamente en el objetivo antes de detonar.

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El funcionamiento de estas armas depende de una combinación de tecnologías avanzadas. Sus estructuras suelen fabricarse con materiales de gran resistencia capaces de soportar el impacto a velocidades extremas, mientras que su diseño aerodinámico favorece una mayor capacidad de penetración. A esto se suman sistemas de detonación retardada que permiten calcular el momento exacto de la explosión una vez alcanzada la profundidad deseada.

¿Es una bomba más potente que Hiroshima?

El desarrollo del programa NDS-A coincide con otra importante actualización del arsenal nuclear estadounidense: la llegada de la nueva B61-13. Esta bomba forma parte de los esfuerzos de modernización impulsados por Washington para adaptar sus capacidades estratégicas a los desafíos militares actuales, en un contexto marcado por la creciente competencia entre las principales potencias del mundo.

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De acuerdo con información divulgada por el Gobierno de Estados Unidos, citado por El Clarín, la B61-13 tendrá una potencia estimada de entre 340 y 400 kilotones. Esta cifra la convertiría en un arma considerablemente más destructiva que la bomba lanzada sobre Hiroshima en 1945, además de incorporar modernos sistemas de guiado que buscan mejorar la precisión durante su despliegue.

No obstante, las autoridades estadounidenses han señalado que la B61-13 cumple una función distinta a la del proyecto NDS-A. Aunque ambas iniciativas forman parte de la modernización del arsenal nuclear, la nueva bomba no fue concebida para sustituir a la B61-11 ni para desempeñar misiones especializadas contra instalaciones profundamente enterradas.

Por el contrario, el programa NDS-A apunta específicamente al desarrollo de capacidades capaces de neutralizar objetivos subterráneos altamente protegidos, un reto que continúa siendo prioritario para la planificación militar de Estados Unidos.