Todo indica que 3I/ATLAS seguirá dando de qué hablar y no quedará como un fenómeno limitado a 2025, como inicialmente se pensó. Este cuerpo interestelar ha despertado un inusual nivel de interés, no solo entre aficionados a la astronomía, sino también dentro de la comunidad científica, donde su estudio se ha convertido en uno de los más relevantes de los últimos años. La razón es clara: varias de sus características hacen pensar que no se trata de un cometa convencional.
Desde su descubrimiento, el objeto fue motivo de debate. Su paso por el sistema solar abrió la puerta a nuevas posibilidades sobre lo que el universo puede albergar y, para algunos investigadores, incluso reavivó la reflexión sobre la posibilidad de que no estemos solos y de que formas de inteligencia avanzada puedan existir sin que seamos conscientes de ello.
Tras múltiples observaciones realizadas con instrumentos especializados, la NASA lo catalogó oficialmente como un cometa. Aunque se confirmaron ciertas anomalías en su comportamiento, los análisis concluyeron que pertenecía a esta categoría y que no representaba ningún peligro para la Tierra, tal como se evidenció durante su máximo acercamiento, ocurrido el pasado 19 de diciembre.

El hallazgo de metano en 3I/ATLAS que desconcierta a los científicos
Sin embargo, la historia de 3I/ATLAS no terminó ahí. En enero se produjo un evento clave: su alineación casi perfecta con el Sol y la Tierra, una situación que permitió obtener datos mucho más detallados. Fue en ese contexto donde surgieron hallazgos que sorprendieron a más de uno, en especial al astrofísico Avi Loeb, conocido por su interés en la vida extraterrestre y por defender la idea de que no estamos solos en el universo.

Según explicó Loeb en su blog oficial en Medium, los datos más recientes obtenidos por los observatorios SPHEREx y James Webb revelaron la presencia de varias moléculas orgánicas, entre ellas metanol, formaldehído, metano y etano, con una tasa de producción equivalente al 14 % de la del agua.
El hallazgo más llamativo fue la detección clara de metano, que solo apareció después de que 3I/ATLAS pasara cerca del Sol. Este comportamiento resulta especialmente intrigante, ya que se trata de un compuesto altamente volátil que, en teoría, debería haberse sublimado mucho antes. Este detalle plantea nuevas preguntas sobre los procesos de desgasificación del objeto.
De hecho, ni la espectroscopia del Webb ni la espectrofotometría de SPHEREx detectaron metano en agosto de 2025, lo que sugiere que este compuesto se agotó en las capas superficiales del cuerpo y solo quedó expuesto tras el calentamiento extremo provocado por su cercanía al Sol.

En contraste, también resulta llamativa la detección temprana de monóxido de carbono, un gas aún más volátil que el metano y que, según los modelos teóricos, debería haberse disipado incluso antes. Este comportamiento contradictorio abre nuevos interrogantes sobre el origen y los mecanismos químicos que actúan en 3I/ATLAS.

Es precisamente aquí donde se intensifica el debate: ¿se trata de una posible señal de vida o de un ejemplo de química extrema aún poco comprendida? La presencia de metano mantiene en vilo a los científicos y alimenta una pregunta que, por ahora, sigue sin respuesta: ¿qué es realmente este enigmático visitante interestelar?
