El calentamiento del planeta sigue dejando huellas cada vez más visibles y una de las más preocupantes proviene del océano, en 2025, los mares del mundo alcanzaron nuevamente niveles inéditos de calor, encadenando nueve años consecutivos con registros sin precedentes.
Para la comunidad científica, este comportamiento confirma que el sistema climático continúa acumulando energía a un ritmo alarmante.
El océano, el gran acumulador del calor del planeta
Los océanos funcionan como una especie de “esponja térmica” del planeta, más del 90% del calor extra que generan los gases de efecto invernadero termina almacenado en sus aguas, lo que los convierte en el principal regulador y también en la principal víctima del calentamiento global.
Un nuevo análisis internacional, elaborado por más de medio centenar de investigadores de distintas partes del mundo y publicado en Advances in Atmospheric Sciences, muestra que esta acumulación no se ha detenido, pues por el contrario, el contenido de calor oceánico volvió a romper récords, reforzando la tendencia observada desde hace más de dos décadas.
El análisis señala que durante 2025 los océanos absorbieron 23 zettajulios adicionales de calor, una cantidad comparable a casi cuatro décadas del consumo energético global proveniente de fuentes como petróleo, carbón y gas natural.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos se apoyaron en información recogida durante más de 25 años por satélites que monitorean el nivel del mar de forma constante y casi global.
Estos datos permiten seguir con precisión cómo responde el océano al aumento de la temperatura y cómo ese calentamiento se traduce en cambios visibles, como la subida del nivel del mar.

Más calor en el mar, más impactos en tierra firme
El estudio advierte que el calentamiento de los océanos no es un fenómeno aislado ni lejano. A medida que el agua se expande por el aumento de temperatura y se acelera el derretimiento de hielos, el nivel del mar continúa elevándose de forma sostenida. Las mediciones indican que, desde la década de 1990, esta subida no solo persiste, sino que además muestra señales de aceleración.
Pero los efectos no se limitan a las costas, las aguas superficiales más cálidas favorecen una mayor evaporación, lo que significa lluvias más intensas y prolongadas.

Este proceso alimenta tormentas más fuertes y ciclones tropicales más destructivos.
Durante 2025, estos cambios se reflejaron en distintos puntos del planeta, inundaciones severas en regiones del sudeste asiático, episodios de lluvias extremas en México y el noroeste del Pacífico, y sequías persistentes en zonas de Oriente Medio.










