El asteroide Bennu tiene una característica que durante años dificultó explicar su comportamiento: aunque su superficie está cubierta de grandes rocas, pierde calor con rapidez. El análisis de fragmentos traídos a la Tierra permitió encontrar una pista decisiva: las piedras tienen numerosas grietas en su interior que cambian la manera en que el calor se desplaza.

El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Arizona y publicado en la revista Nature Communications, ayuda a comprender mejor la estructura de este cuerpo celeste y aporta información para interpretar las observaciones de otros asteroides.
Las rocas de Bennu escondían algo más que espacios vacíos
La sorpresa comenzó en 2018, cuando la misión OSIRIS-REx llegó a Bennu. Los investigadores esperaban encontrar zonas amplias con material fino, pero se toparon con un terreno dominado por grandes bloques rocosos.
Andrew Ryan, científico del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona y responsable del grupo que estudió las propiedades físicas y térmicas de las muestras, recordó la impresión que les causó el paisaje: “Esperábamos encontrar algunas rocas grandes, pero también anticipábamos al menos algunas regiones extensas con regolito más liso y fino, que serían fáciles de recolectar. En cambio, parecía que todo eran rocas grandes, y estuvimos un buen rato desconcertados”.

El problema era que las mediciones anteriores indicaban que Bennu se calentaba y enfriaba rápidamente. Este comportamiento, conocido como baja inercia térmica, suele asociarse con materiales que no retienen el calor durante mucho tiempo, como la arena, y no con grandes rocas sólidas.
Las primeras observaciones apuntaron a que los bloques podían tener muchos espacios vacíos. Sin embargo, esa característica no explicaba por completo lo observado.
Un análisis del interior de las muestras permitió resolver la incógnita
Para entender qué ocurría, el equipo estudió pequeños fragmentos recuperados por la misión. Los investigadores utilizaron tomografías computarizadas de rayos X, una técnica que permite obtener imágenes del interior de un objeto sin romperlo y combinaron los resultados con simulaciones informáticas para calcular cómo circula el calor por rocas de mayor tamaño.

Scott Eckley, científico de rayos X del Centro Espacial Johnson de la NASA y coautor del estudio, explicó la utilidad de este procedimiento: “La tomografía computarizada de rayos X nos permite observar el interior de un objeto en tres dimensiones, sin dañarlo”.
Los resultados mostraron que las grietas internas eran una parte fundamental de la explicación. Andrew Ryan resumió la importancia del descubrimiento con estas palabras: “Resulta que también están muy agrietados, y esa era la pieza que faltaba del rompecabezas”.
Las fracturas dificultan que el calor se transmita por el interior de las rocas, lo que ayuda a explicar por qué el asteroide se enfría más rápido de lo que cabría esperar por su superficie rocosa.
El hallazgo también ayuda a estudiar otros asteroides
La investigación puede servir para interpretar mejor las observaciones de cuerpos celestes que se encuentran demasiado lejos para recoger muestras. Hasta ahora, los científicos utilizaban los cambios de temperatura para deducir características de sus superficies, pero conocer la estructura interna de las rocas permite entender mejor esas mediciones.
Ron Ballouz, investigador del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins y segundo autor del estudio, destacó la relación entre ambos tipos de análisis: “Por fin podemos fundamentar nuestra comprensión de las observaciones telescópicas de las propiedades térmicas de un asteroide analizando estas muestras de ese mismo asteroide”.
De esta manera, los fragmentos de Bennu no solo permitieron explicar una característica desconcertante del asteroide, sino que también ofrecen nuevas pistas para estudiar cómo están formadas las rocas de otros cuerpos del sistema solar.
