En su más reciente actualización, el llamado “Reloj del Apocalipsis” quedó a solo 85 segundos de la medianoche, una señal simbólica que advierte sobre lo cerca que estaría la humanidad de una crisis de gran escala.
La decisión no solo encendió alarmas entre expertos, sino que también puso el foco en tensiones políticas, crisis climática y avances tecnológicos que avanzan más rápido que su regulación.
¿Quién decide la hora del fin del mundo?
Este ajuste está en manos de la Bulletin of the Atomic Scientists, una entidad creada tras la Segunda Guerra Mundial por científicos que participaron en el desarrollo de la bomba atómica.
Hoy la Junta de Ciencia y Seguridad, compuesta por especialistas en distintas áreas, evalúa cada año los riesgos globales y determina qué tan cerca está la humanidad de una catástrofe.

En su más reciente informe, el grupo fue contundente:
“Hace un año advertimos que el mundo estaba peligrosamente cerca de un desastre global y que cualquier retraso en rectificar aumentaba la probabilidad de una catástrofe”.
Según el organismo, en lugar de reducir tensiones, potencias como Estados Unidos, Rusia y China han endurecido sus posturas, debilitando acuerdos internacionales clave y aumentando la competencia entre naciones.
El resultado de este escenario es un deterioro de la cooperación global en temas sensibles como el desarme nuclear, el cambio climático y el control de nuevas tecnologías. Para los expertos, la falta de liderazgo político ha contribuido a que el mundo esté más expuesto que nunca a riesgos de gran escala.
“Demasiados líderes se han vuelto complacientes e indiferentes, adoptando en muchos casos una retórica y políticas que aceleran, en lugar de mitigar, estos riesgos existenciales. Debido a esta falta de liderazgo, el Boletín de la Junta de Ciencia y Seguridad de los Científicos Atómicos sitúa hoy el Reloj del Juicio Final a 85 segundos para la medianoche, el punto más cercano a la catástrofe que jamás haya existido”, comentan los expertos en el boletín.

Clima extremo, tensiones globales y tecnología sin control
La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó niveles sin precedentes, superando ampliamente los registros de la era preindustrial. A esto se suma que los últimos años han sido los más calurosos desde que existen mediciones, con impactos visibles en el aumento del nivel del mar y en fenómenos extremos como inundaciones y sequías.
“Por tercera vez en los últimos cuatro años, Europa experimentó más de 60.000 muertes relacionadas con el calor”, explican.

En regiones como Europa, el calor ha tenido consecuencias directas en la salud pública, con decenas de miles de muertes asociadas a altas temperaturas en los últimos años. Este escenario, según los científicos, evidencia que la crisis climática ya no es una amenaza futura, sino una realidad en curso.
A la par, el avance tecnológico también genera preocupación. Las principales potencias están incorporando inteligencia artificial en sus sistemas militares, lo que abre la puerta a riesgos difíciles de prever, especialmente en decisiones relacionadas con defensa y armamento nuclear.
“Estados Unidos, Rusia y China están incorporando la IA en sus sectores de defensa, a pesar de los peligros potenciales que esto conlleva”.
