Ciencia

El enigma de las “cataratas de sangre” que desconcertó a la ciencia desde 1911 por fin tiene explicación

En un paisaje dominado por el blanco, una corriente roja rompió todas las reglas visuales.

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30 de enero de 2026, 7:16 p. m.
Bajo un glaciar aparentemente inmóvil se escondía una historia desconocida por décadas.
Bajo un glaciar aparentemente inmóvil se escondía una historia desconocida por décadas. Foto: @hidden.ny.

Uno de los paisajes más extremos y silenciosos del planeta, donde el hielo domina el horizonte y la vida parece imposible, existe un fenómeno natural que durante décadas desafió toda lógica.

En la Antártida existe una extraña corriente rojiza que brota desde un glaciar como si la nieve estuviera herida. Fue bautizada hace más de un siglo como las “Cataratas de Sangre” y, aunque su nombre sugiere algo aterrador, la realidad es tan fascinante como inesperada.

Las “cataratas de sangre” fueron observadas por primera vez en 1911, durante una expedición científica al continente blanco; desde entonces, su origen se convirtió en un rompecabezas para generaciones de investigadores.

Un río rojo que nace del hielo eterno

Hoy, gracias a estudios más precisos y tecnología moderna, la ciencia logró reconstruir la historia oculta detrás de este singular flujo rojizo.

Las llamadas “cataratas de sangre” aparecen en el glaciar Taylor, ubicado en los Valles Secos de McMurdo, una de las regiones más áridas y frías de la Antártida. Desde la superficie, lo que se observa es un chorro de agua oscura que contrasta de manera brutal con el blanco del hielo, dando la impresión de que el glaciar sangra lentamente.

Durante años, se pensó que el color podía estar relacionado con microorganismos, algas o algún tipo de pigmento vivo capaz de sobrevivir en condiciones extremas.

Durante mucho tiempo se creyó que el color estaba ligado a formas de vida extremas.
El fuerte contraste entre el hielo blanco y el agua rojiza alimentó teorías durante años. Foto: @hidden.ny.

Sin embargo, esas hipótesis no lograban explicar del todo la intensidad del tono ni la persistencia del fenómeno en un entorno tan hostil.

La clave estaba escondida bajo cientos de metros de hielo. Debajo del glaciar existe un lago subterráneo de agua extremadamente salada, atrapado y aislado del exterior desde hace millones de años. Esa salinidad impide que el agua se congele por completo, incluso a temperaturas bajo cero, permitiendo que fluya lentamente hacia la superficie.

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Hierro, oxidación y una explicación sin misterio biológico

Lo que realmente tiñe de rojo a estas cascadas no tiene relación con sangre ni con restos orgánicos. El responsable es el hierro disuelto en el agua subglacial. En ese lago oculto, la concentración de este metal es inusualmente alta, muy por encima de la que se encuentra en el agua marina común.

El efecto visual es similar al óxido que cubre un metal tras mucho tiempo a la intemperie.
Al emerger a la superficie, el agua entra en contacto directo con el aire. Foto: @hidden.ny.

Cuando el agua logra salir del glaciar y entra en contacto con el aire, ocurre un proceso simple pero visualmente impactante: el hierro reacciona con el oxígeno y se oxida. El resultado es un color rojizo similar al de una pieza de metal cubierta de óxido, el mismo efecto que se observa cuando el hierro se expone al ambiente durante mucho tiempo.