Durante décadas, una de las hipótesis más repetidas sobre el origen del agua en la Tierra apuntaba al espacio: meteoritos cargados de agua habrían bombardeado el planeta en sus primeras etapas y llenado océanos y ríos.
Sin embargo, un nuevo análisis liderado por científicos de la Nasa pone en duda esa idea, pues a partir del estudio de antiguas muestras lunares recolectadas por las misiones Apolo, la investigación sugiere que estos cuerpos espaciales aportaron mucho menos de lo que se pensaba.
La Luna, el archivo que la Tierra perdió
A diferencia de la Tierra, cuyo relieve y clima han borrado gran parte de su pasado más remoto, la Luna funciona como una especie de cápsula del tiempo. Su superficie conserva las marcas de impactos ocurridos hace miles de millones de años, lo que la convierte en una fuente clave para reconstruir la historia del sistema Tierra-Luna.
En un artículo científico publicado el martes en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, un grupo de investigadores dirigidos por Tony Gargano, investigador postdoctoral en el Centro Espacial Johnson de la NASA y el Instituto Lunar y Planetario, analizaron polvo y fragmentos de roca lunar —conocidos como regolito— recolectados hace más de medio siglo.

Estas muestras guardan rastros de los objetos que chocaron contra la Luna cuando el sistema solar aún era joven, al estudiar esos restos, el equipo pudo estimar cuánta agua transportaban los meteoritos que impactaron no solo en la Luna, sino también, por extensión, en la Tierra.
El resultado fue inesperado, incluso en los escenarios más favorables, el aporte de agua procedente de meteoritos durante los últimos grandes episodios de bombardeo habría sido limitado.
“Las mediciones de isótopos de oxígeno revelaron que al menos ~1% en masa del regolito contenía material de meteoritos ricos en carbono que se vaporizaron parcialmente al chocar contra la Luna”, señala la Nasa.
“El regolito lunar es uno de los pocos lugares donde aún todavía podemos interpretar un registro integrado en el tiempo de lo que impactó en las cercanías de la Tierra durante miles de millones de años”, dijo Gargano. “La huella isotópica del oxígeno nos permite extraer la señal de un factor de impacto de una mezcla que se ha fundido, vaporizado y modificado innumerables veces”.
Este enfoque permitió establecer un “tope máximo” al papel de los meteoritos, descartando que hayan sido la fuente principal del agua en la fase final de formación del planeta.

Un hallazgo que cambia la historia del agua
El estudio se apoyó en un método innovador que evita uno de los problemas habituales de este tipo de análisis. Tradicionalmente, los científicos se basaban en ciertos elementos metálicos presentes en el suelo lunar, pero estos pueden alterarse con los impactos repetidos, distorsionando las conclusiones.
En esta ocasión, el equipo se centró en una señal mucho más estable: el oxígeno. Al analizar distintas variantes naturales de este elemento, fue posible identificar con mayor precisión qué tipo de meteoritos llegaron al entorno terrestre y qué contenían en su interior. Esa “firma química” permitió calcular cuánta agua podían haber transportado originalmente.

Los datos muestran que una pequeña parte del regolito lunar incluye restos de meteoritos ricos en carbono, conocidos por contener agua.
“Nuestros resultados no descartan que los meteoritos hayan transportado agua”, agregó el coautor Justin Simon, científico planetario de la División de Ciencias de Investigación y Exploración de Astromateriales del Centro Espacial Johnson de la NASA. “Lo que sí indican es que el registro a largo plazo de la Luna dificulta mucho que el aporte tardío de meteoritos haya sido la fuente principal de los océanos de la Tierra”.
