El ataque informático contra Binance, que habría provocado el robo de aproximadamente 6.300 millones de dólares en criptomonedas, volvió a poner sobre la mesa los riesgos de seguridad que enfrentan las grandes plataformas de activos digitales. Aunque estas compañías destinan importantes recursos a proteger sus sistemas, los delincuentes encuentran nuevas formas de vulnerarlos.

Caio Motta, Senior Solutions Architect de Chainalysis para Latinoamérica y el Caribe, explicó a SEMANA qué pudo permitir que los atacantes ejecutaran operaciones sin autorización de la compañía. Según el especialista, una de las claves es comprender que una transacción aceptada por la red no necesariamente cuenta con el consentimiento de la plataforma.
¿Cómo lograron los hackers mover las criptomonedas?
Para entender lo ocurrido, el experto señaló que es necesario diferenciar dos conceptos: la validez de una operación dentro de una red blockchain y la autorización de una empresa para realizarla. La primera se refiere a que la transacción cumple las condiciones técnicas para ser procesada; la segunda, a que la compañía realmente aprobó ese movimiento.
Motta explicó que los investigadores identificaron un mecanismo que permitió a los atacantes aprovechar autorizaciones que la red reconocía como legítimas.
“Hay que distinguir entre una transacción válida para la blockchain y una operación autorizada por la empresa. La red puede aceptar una transacción porque cumple los requisitos de firma, aunque un atacante haya manipulado el proceso que permitió generarla”, señaló el experto.

El representante de Chainalysis también detalló los hallazgos en Ethereum, una de las redes involucradas en el incidente. Allí se identificaron firmas que permitieron ejecutar instrucciones informáticas preparadas por los delincuentes y transferir los activos hacia otras direcciones.
“En Ethereum, nuestro análisis identificó autorizaciones firmadas válidas que permitieron a una cartera de Binance ejecutar código desplegado por el atacante. Después, ese código permitió transferir los activos a direcciones bajo su control”, afirmó Motta.
La inversión en seguridad no elimina todos los riesgos
El especialista también advirtió que las grandes inversiones en protección informática no garantizan que una organización esté completamente a salvo. Los grupos criminales pueden buscar puntos débiles en diferentes componentes, desde los sistemas tecnológicos hasta los dispositivos y las credenciales de quienes trabajan en las compañías.
“Una inversión importante en ciberseguridad reduce el riesgo, pero ninguna organización puede eliminarlo por completo. Los atacantes adaptan sus métodos para encontrar una vía de acceso, incluso en entornos con múltiples controles”, explicó.

Tras el ataque, aproximadamente 3.000 millones de dólares en activos fueron congelados con apoyo de Chainalysis. Sin embargo, Motta hizo una precisión sobre el alcance de esa medida: detener el movimiento de los fondos no significa que ya hayan regresado a sus propietarios.
“Aunque congelar los fondos no equivale todavía a recuperarlos o devolverlos, puede impedir que los atacantes continúen moviendo esos activos”, concluyó.
