Hay molestias que todos conocemos, como un dolor de espalda, un mosquito empeñado en arruinarte la noche o el vecino que decide taladrar un domingo a las ocho de la mañana. Y luego están esas otras, mucho más extrañas. Las que no tienen una explicación clara, ni una solución convincente, ni siquiera la cortesía de dejar pruebas de que existen. Tan extrañas que el primero en dudar de ellas suele ser quien las sufre.
Una de ellas es la de quienes aseguran convivir con un zumbido grave y constante que nadie más parece escuchar. Y no encaja del todo con las molestias auditivas más conocidas. A este fenómeno se le conoce como The Hum (“el zumbido”), y lleva décadas desconcertando tanto a quienes lo sufren como a los científicos que intentan entenderlo.

Un zumbido que nadie más oye
Quienes lo perciben lo describen como un zumbido de baja frecuencia, un murmullo o un retumbar constante, más parecido a una vibración que a un pitido. Para algunos es apenas una molestia de fondo. Para otros, una presencia insoportable.
Lo curioso es que quienes lo sufren suelen notarlo cuando el ruido ambiental desaparece. Es entonces, normalmente ya de noche y dentro de casa, cuando muchos afectados empiezan una auténtica inspección de la casa en busca del supuesto origen del ruido. Comprueban enchufes, electrodomésticos o el garaje, pero no encuentran nada. Y, mientras tanto, quienes están a su alrededor aseguran no escuchar absolutamente nada.
Del Reino Unido al mundo entero
Según un comunicado de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), el fenómeno se documentó por primera vez a mediados de los años setenta en Bristol, cuando el periódico local Bristol Evening Post empezó a recibir cartas de vecinos desconcertados por un sonido sin origen aparente.

Se sospechó de los ventiladores industriales de un almacén cercano, pero el zumbido siguió incluso después de que el local cerrara. Desde entonces, de acuerdo con la NTNU, se ha reportado en ciudades costeras del Reino Unido, en Taos y Kokomo (Estados Unidos) durante los noventa, y más tarde en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y varias urbes europeas, entre ellas Oslo.
El profesor canadiense Glen MacPherson, que asegura haber experimentado el fenómeno en primera persona, decidió convertir esa rareza compartida en un proyecto de investigación. En 2012 creó la World Hum Map and Database, una base de datos que desde entonces ha reunido miles de testimonios procedentes de todo el mundo.
Las explicaciones que se han propuesto durante décadas son de lo más variado. Algunas culpaban al ruido industrial, los sistemas de ventilación, el tráfico, los aerogeneradores o incluso fenómenos naturales como el viento y el oleaje. Otras, bastante menos terrenales, señalaban experimentos militares secretos, operaciones de la CIA o tecnología extraterrestre. Ninguna ha conseguido aportar pruebas sólidas.

La pista del tinnitus de baja frecuencia
Con la intención de arrojar algo de luz sobre el misterio, un equipo dirigido por Markus Drexl, de la NTNU y del Centro Alemán de Vértigo y Trastornos del Equilibrio, decidió cambiar el enfoque. En lugar de buscar el supuesto sonido, estudiaron a las personas que afirmaban escucharlo.
Para ello reclutaron a 28 voluntarios en Alemania, con una edad media de 53,5 años. Entre quienes pudieron asociarlo a una frecuencia concreta, la media rondó los 50 hercios, un registro muy parecido al del característico ronroneo de las líneas eléctricas.
Los investigadores querían comprobar dos posibles explicaciones. La primera era que estas personas tuvieran una sensibilidad excepcional para detectar sonidos de baja frecuencia. Sin embargo, los resultados apenas encontraron indicios de ello: solo dos participantes presentaban una capacidad auditiva fuera de lo habitual.
La segunda posibilidad era que el origen estuviera en el propio oído. Concretamente, en las llamadas emisiones otoacústicas, pequeños sonidos que el oído interno puede generar de forma natural. No obstante, tampoco encajaba. Las emisiones otoacústicas detectadas se situaban entre los 861 y los 4.637 hercios, muy lejos de los aproximadamente 50 hercios que describían los participantes.

Como los resultados no respaldaron claramente ninguna de esas dos hipótesis, el equipo propuso otra explicación para muchos de los casos observados: The Hum podría ser una forma de tinnitus de baja frecuencia; es decir, un sonido fantasma generado por el propio sistema auditivo sin que exista una fuente externa. A diferencia del tinnitus más habitual, que suele percibirse como un pitido agudo, quienes experimentan esta variante interpretarían inicialmente ese zumbido grave como si procediera del entorno.
“Sugerimos que el tinnitus subjetivo en el rango de bajas frecuencias suele ser la causa de la percepción de pulsaciones de sonido de baja frecuencia", explicó Drexl.
Una explicación, no la única
Eso no significa, advierten los autores, que todos los casos respondan a la misma causa. Tampoco permite descartar por completo la existencia de fuentes reales de sonido de baja frecuencia. Algunas personas podrían estar percibiendo sonidos externos especialmente difíciles de localizar y medir debido a la longitud de sus ondas, explica la NTNU.

El estudio, publicado en PLOS One, tampoco pone en duda la experiencia de quienes aseguran convivir con este fenómeno. Se estima que entre un 2% y un 4% de la población afirma percibir el zumbido. Entre los participantes del estudio, el 86% describió la experiencia como estresante y el 68% aseguró que sus familiares eran incapaces de escuchar el mismo sonido. En otras palabras, aunque el origen pudiera encontrarse dentro del sistema auditivo, sus consecuencias son completamente reales.
Los propios autores reconocen que el estudio tiene limitaciones, desde el reducido tamaño de la muestra hasta el uso de equipos domésticos y el perfil de los participantes. Aun así, creen que abre una vía de investigación apenas explorada.
Hacia un posible tratamiento
Si The Hum resulta ser una variante de tinnitus de baja frecuencia, podría abrir la puerta a estrategias y tratamientos que hasta ahora apenas se habían considerado para quienes llevan años conviviendo con este misterioso zumbido. Y, sobre todo, pone el foco en una de las grandes lagunas de la audición humana: entender cómo el oído procesa los sonidos graves y los infrasonidos, una incógnita que quizá permita explicar por qué algunas personas oyen un ruido que nadie más parece escuchar.
*Con información de DW.
