En la mayoría de los hogares hay electrodomésticos que, con el tiempo, se han vuelto indispensables para simplificar las tareas diarias, especialmente aquellas relacionadas con la preparación de alimentos y la limpieza.

Actualmente, existen opciones para todo tipo de preferencias: desde quienes priorizan la rapidez con equipos como microondas o freidoras de aire, hasta quienes optan por herramientas más avanzadas como procesadores, hornos convencionales o batidoras de alto desempeño.
Esta diversidad en los hábitos de consumo ha impulsado el desarrollo de dispositivos cada vez más especializados.
Sin embargo, cada vez más personas buscan alternativas que les permitan preparar alimentos de manera eficiente sin elevar el gasto de la energía.
Por eso, surge la curiosidad sobre cuál es la opción más económica y saludable, especialmente al comparar dispositivos como la freidora de aire (air fryer) con el horno convencional.

Según señalan algunos expertos, la freidora de aire resulta una opción más ventajosa para quienes buscan disminuir el consumo de energía y ahorrar en la factura eléctrica, en comparación con el horno convencional, especialmente cuando se utiliza para preparar porciones pequeñas o medianas.
Eso sí, es importante considerar que este dispositivo no sustituye totalmente al horno tradicional
Sin embargo, se presenta como una opción práctica y saludable, ya que permite disminuir el uso de grasas en la alimentación diaria, especialmente en hogares pequeños o para personas que viven solas.

¿Por qué reduce el consumo de energía?
Una de las mayores fortalezas de la freidora de aire radica en su alto nivel de eficiencia. Gracias a su tamaño compacto y a la rápida circulación de aire caliente, este aparato permite cocinar porciones pequeñas en menos tiempo que otros métodos tradicionales.
Diversas pruebas han evidenciado esta diferencia en los tiempos de cocción.
Por ejemplo, de acuerdo con un experimento hecho por el programa Sliced Bread de BBC Radio 4, preparar un muslo de pollo puede tomar cerca de 20 minutos en una freidora de aire, mientras que en un horno convencional el proceso puede extenderse hasta 35 minutos.
Una situación similar ocurre con las papas, que requieren alrededor de 35 minutos en la freidora frente a casi una hora en el horno.

La reducción en el tiempo de uso se refleja directamente en un menor gasto energético. Al funcionar durante menos tiempo y con mayor concentración de calor, la freidora consume menos electricidad que un horno al preparar los mismos alimentos.
Sin embargo, esta ventaja tiene un límite relacionado con su capacidad. El espacio reducido de la canasta obliga a preparar cantidades pequeñas, por lo que en hogares numerosos puede ser necesario cocinar en varias tandas, lo que reduce parte del ahorro logrado inicialmente.

Según Jakub Radzikowski, diseñador de educación culinaria en el Imperial College de Londres, este tipo de aparato es especialmente útil para lograr texturas crujientes en alimentos como pollo, papas o productos empanizados.
No obstante, no es la mejor alternativa para piezas grandes o recetas que requieran mayor espacio, como aves enteras o preparaciones al gratín.
Otro aspecto destacado es su aporte a una alimentación más saludable. Al requerir muy poco aceite, permite reducir la cantidad de grasa en los alimentos, ya que el exceso se elimina durante la cocción.
Aunque existen métodos aún más saludables, como la cocción al vapor, estos aparatos ofrecen mayor versatilidad en la cocina.
