Los avances científicos no dejan de transformar la exploración espacial, y un ejemplo de ello es la próxima misión Artemis II, que podría marcar un nuevo capítulo en la historia después de años sin misiones tripuladas a la Luna. Este proyecto, liderado por la NASA, es uno de los más importantes de la exploración espacial moderna, ya que será la primera misión tripulada del programa Artemis y busca llevar nuevamente a seres humanos al entorno lunar tras más de cinco décadas.
El objetivo principal de Artemis II es probar todos los sistemas necesarios para realizar viajes al espacio profundo con astronautas a bordo. La misión será un paso clave antes de intentar el alunizaje previsto en la siguiente etapa del programa, Artemis III.
Uno de los aspectos más importantes de este tipo de misiones es el cuidado de los astronautas, y la alimentación es uno de los puntos que más preocupa a los especialistas. Por ello, ya se ha definido parte del menú que consumirán durante el viaje. Entre los alimentos incluidos hay productos secos como granola, nueces, almendras y cerca de 58 tortillas, todos seleccionados por ser alimentos no perecederos que pueden conservarse durante varios días en el espacio.

Sin embargo, los científicos no descartan que en el futuro los garbanzos también formen parte de la dieta de los astronautas. Un estudio publicado el 5 de marzo en la revista Scientific Reports reveló que, con la ayuda de compost y hongos simbióticos, estas plantas pueden crecer y producir semillas en suelo lunar simulado.

Este hallazgo es relevante porque el programa Artemis busca que los seres humanos regresen a la Luna y, eventualmente, puedan permanecer allí durante largos periodos. Para lograrlo, será fundamental producir alimentos directamente en el lugar.
El principal desafío es el regolito lunar, es decir, el polvo que cubre la superficie de la Luna. Este material es extremadamente fino, metálico, pegajoso y afilado, además de carecer de nutrientes esenciales como el nitrógeno. Aunque en experimentos anteriores se lograron cultivar plantas en muestras reales, estas crecieron lentamente y absorbieron metales tóxicos, lo que provocó signos de estrés en las plantas.
En la nueva investigación, los científicos cultivaron garbanzos de la variedad Myles en una cámara de crecimiento con clima controlado en la Texas A&M University. Las semillas fueron recubiertas con hongos beneficiosos y sembradas en una mezcla de suelo lunar simulado y vermicompost, un abono rico en nutrientes producido por lombrices.

Las pruebas mostraron un comportamiento distinto según la cantidad de simulante lunar presente en el sustrato. Cuando este material representaba hasta el 75 % de la mezcla, las plantas todavía lograban desarrollarse. Aun así, el rendimiento disminuía a medida que aumentaba la proporción del suelo lunar simulado, aunque el tamaño de los garbanzos obtenidos se mantenía prácticamente sin cambios.
La situación fue muy diferente en los cultivos realizados únicamente con simulante lunar. En ese caso, las plantas no alcanzaron la etapa de floración, no produjeron semillas y murieron antes de completar su ciclo de crecimiento.
Los investigadores creen que la combinación de hongos y vermicompost podría ayudar a crear un suelo lunar más estable, lo que permitiría a los astronautas cultivar alimentos en futuras misiones. Por ahora, continúan realizando pruebas para determinar si las semillas obtenidas pueden producir nuevas generaciones de plantas y si estos cultivos serían seguros para el consumo humano.
