Teruel tendrá un papel fundamental en la vigilancia y el seguimiento del espacio a nivel mundial con la puesta en marcha, desde el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca) y a través del Observatorio Astrofísico de Javalambre (OAJ), de un nuevo telescopio de defensa planetaria: el T150. El instrumento permitirá detectar y caracterizar asteroides potencialmente peligrosos, además de estudiar la basura espacial.

Actualmente, el proyecto se encuentra en proceso de licitación y se espera que el telescopio comience sus operaciones científicas en 2029.
Según explicó a Europa Press el subdirector del Cefca y responsable del OAJ, Antonio Marín, el instrumento tendrá dos objetivos principales: contribuir a la defensa planetaria, mediante la vigilancia y el seguimiento de objetos cercanos a la Tierra, y estudiar los residuos espaciales que orbitan alrededor del planeta.
La llamada defensa planetaria no está relacionada con fines militares, sino con la vigilancia de los objetos que se encuentran en el entorno del sistema solar, especialmente aquellos cuyas órbitas los acercan a la Tierra. El propósito es detectarlos con suficiente antelación para evaluar posibles riesgos y estar preparados ante eventuales amenazas.
El nuevo telescopio ha sido diseñado y optimizado para apoyar estos programas de defensa espacial. Contará con una apertura de 1,5 metros y un amplio campo de visión, características que lo convertirán en un instrumento de “clase mundial” para detectar y caracterizar asteroides y, cuando sea necesario, realizar un seguimiento detallado de aquellos que puedan representar algún riesgo para el planeta.
La importancia del telescopio radica en su capacidad para detectar un asteroide potencialmente peligroso “con la mayor antelación posible”, ya sea ante una eventual colisión con la Tierra o ante el riesgo de impacto contra un satélite que se encuentre en órbita.

Nuevo telescopio en Teruel vigilará asteroides y basura espacial
En cuanto a la denominada basura espacial, el responsable del OAJ señaló que estos residuos tienen un origen humano. Se trata, principalmente, de restos de antiguos satélites, además de pequeñas herramientas u otros objetos que se han averiado, desprendido o perdido durante actividades realizadas en el espacio.
Por ello, Marín destacó la importancia de elaborar un censo y un mapa de estos residuos, especialmente ante el aumento en el número de satélites que son enviados al espacio.
El principal problema no está necesariamente en el tamaño de estos objetos, ya que muchos son pequeños, sino en la enorme velocidad a la que se desplazan. Estos fragmentos pueden viajar a decenas de miles de kilómetros por hora, por lo que el impacto de un objeto tan pequeño como un tornillo contra un satélite podría generar daños considerables.
La situación también representa un riesgo para las misiones tripuladas, pues una colisión de este tipo puede afectar tanto las naves espaciales como a los astronautas que se encuentren en ellas.
No obstante, el científico explicó que las agencias espaciales llevan varios años implementando medidas para reducir la cantidad de residuos generados por las actividades humanas. Una de ellas consiste en utilizar satélites pequeños o medianos que, al terminar su vida útil, puedan reingresar a la atmósfera y desintegrarse, evitando que permanezcan durante años en órbita.

En cuanto a los asteroides, los investigadores del Cefca estiman que el nuevo instrumento podría detectar alrededor de 7.000 al año, de los cuales esperan que una parte importante corresponda a objetos que hasta ese momento no hayan sido identificados.
El primer paso será determinar si se trata realmente de un cuerpo celeste nuevo. Para ello, será necesario realizar hasta tres mediciones y detectarlo en tres posiciones diferentes. Este procedimiento permitirá obtener una primera aproximación de su órbita y evaluar si existe algún riesgo.

Una vez confirmado, el descubrimiento será comunicado y el objeto pasará a formar parte de la base de datos de asteroides conocidos.
La previsión es que la instalación del nuevo telescopio en el OAJ comience a finales de 2028. Posteriormente, durante los primeros meses de 2029, se realizarán las labores de puesta a punto y los ajustes de precisión, con el objetivo de comenzar las operaciones científicas a mediados de ese año.
*Con información de Europa Press
