Lo que hace algunos años parecía propio de la ciencia ficción hoy es una realidad. Se trata de los chips o implantes que se colocan debajo de la piel y que han sido diseñados con distintos fines. Son dispositivos diminutos, similares a un grano de arroz, de diseño minimalista, pero cuyo uso ha despertado múltiples inquietudes.
Estos implantes pueden tener aplicaciones en el sector de la salud, la seguridad o los sistemas de pago. En el ámbito médico, por ejemplo, permiten almacenar información básica del paciente, como datos de identificación, alergias, tipo de sangre o un historial clínico esencial, lo que podría resultar clave en situaciones de emergencia.
Por otro lado, algunos chips están pensados para funcionar como medios de pago o como llaves de acceso a servicios digitales, de forma similar a una tarjeta bancaria o a un teléfono móvil. Esta funcionalidad busca simplificar las transacciones cotidianas y reducir la dependencia de objetos físicos.

Sin embargo, surgen preguntas inevitables: ¿representan un verdadero peligro?, ¿qué tan seguro es utilizarlos?, ¿qué riesgos pueden implicar? Aunque vivimos en una era de grandes avances tecnológicos, aún persisten múltiples interrogantes en torno a esta poderosa herramienta y al futuro que podría traer consigo.

Un salto hacia la biotecnología
Tal vez haya escuchado este término en más de una ocasión, aunque no conozca con exactitud cómo funciona. La biotecnología es una rama de la ciencia que combina la biología y la tecnología con el objetivo de mejorar la calidad de vida humana, mediante el uso de organismos vivos, células o moléculas biológicas para desarrollar productos y procesos innovadores.
No obstante, como advierte el portal especializado Computer Hoy, existen dos aspectos clave que deben tenerse en cuenta en materia de seguridad: la integridad física del usuario y la ciberseguridad. Esto se debe a que el hackeo de un chip implantado en el cuerpo podría acarrear consecuencias graves e incluso potencialmente mortales.
Los implantes de chips NFC pueden provocar efectos leves, como inflamación o desplazamiento durante su instalación. Además, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte sobre el posible riesgo de interferencia electromagnética con dispositivos médicos electrónicos, según la fuente citada.

Estos chips son biocompatibles, funcionan de manera pasiva —sin necesidad de batería— y solo se activan a corta distancia. Sin embargo, al igual que las tarjetas con tecnología NFC, su información podría ser clonada si un lector se acerca a pocos centímetros. Aunque se trata de un escenario poco frecuente y con bajas probabilidades, ya que implicaría un acceso muy cercano al implante, sigue siendo un riesgo de seguridad que debe considerarse antes de optar por esta tecnología.
En términos de adopción, no todas las personas están dispuestas a dar este paso, especialmente por motivos de salud. Implantarse un chip bajo la piel es una decisión trascendental, pues se trata de un dispositivo permanente, a diferencia de elementos como el teléfono móvil o las tarjetas físicas.
A esto se suma que el costo del chip y de su instalación resulta poco competitivo frente a otros dispositivos con tecnología NFC. Además, existe el riesgo de obsolescencia tecnológica, lo que implicaría someterse nuevamente a un procedimiento para actualizar el implante.
