Cuando se habla de grandes avances tecnológicos, suele pensarse en países como Estados Unidos, China, Corea del Sur, varias naciones europeas o incluso en territorios pequeños como Taiwán. Sin embargo, el mapa mundial de los semiconductores podría cambiar en los próximos años gracias a un país de América Latina.

Estados Unidos y China mantienen una constante competencia por el liderazgo tecnológico en áreas como los semiconductores, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y la energía limpia.
En medio de esta disputa, Washington ha buscado diversificar el origen de productos estratégicos cuya producción depende, en gran medida, de China y otros países asiáticos.
En este contexto, Costa Rica, una nación de apenas cinco millones de habitantes, se está consolidando como un actor relevante en la industria de los microchips.

Esto se debe a que la multinacional Applied Materials, especializada en equipos y servicios para la fabricación de semiconductores, inició operaciones en su nueva planta en el país centroamericano en julio del año pasado. Con esta apuesta, Estados Unidos busca reducir su dependencia de Taiwán, el principal productor mundial de semiconductores.
La estrategia responde, en parte, a las tensiones geopolíticas en torno a la isla, ubicada a unos 160 kilómetros de China y reclamada por Pekín como parte de su territorio.

Un eventual conflicto en la zona podría afectar gravemente la producción mundial de semiconductores, componentes esenciales para la fabricación de teléfonos móviles, computadores, vehículos y gran parte de los dispositivos electrónicos modernos.
Costa Rica ha logrado posicionarse como un actor emergente en la industria de los semiconductores gracias a una estrategia impulsada por el Gobierno para atraer inversión extranjera y desarrollar capacidades tecnológicas.

En 2024, el país presentó una hoja de ruta nacional destinada a fortalecer el ecosistema de semiconductores mediante la formación de talento especializado, la creación de incentivos para las empresas y la mejora del entorno regulatorio e industrial.
Aunque no compite con gigantes como Taiwán o Corea del Sur en volumen de producción, el país busca consolidarse en segmentos específicos de la cadena de valor de los semiconductores, aprovechando su estabilidad, capital humano y cercanía con el mercado estadounidense.

El plan se apoya en una fuerza laboral cada vez más calificada. Según datos de la OCDE, el 30 % de la población adulta costarricense cuenta con estudios superiores, una cifra que sitúa al país como uno de los referentes educativos de América Latina.
Esta disponibilidad de talento, sumada a su cercanía con Estados Unidos y a un entorno favorable para la inversión, ha contribuido a atraer empresas vinculadas a la cadena global de producción de microchips.
