El CES 2026 convirtió nuevamente a Las Vegas en el epicentro de la innovación tecnológica, pero esta vez la atención se centró en un giro inesperado: la tecnología que busca conectar con las emociones humanas.
Entre pantallas, gadgets y robots, un cachorro artificial logró robarse el protagonismo y tocar corazones.
Su nombre es Tombot Jennie, un perro robótico con apariencia de labrador que sorprende por su capacidad de interactuar de manera afectiva.
A diferencia de otros dispositivos, no se trata solo de un juguete inteligente: está diseñado para acompañar y brindar consuelo, especialmente a adultos mayores, ofreciendo una experiencia de compañía muy cercana a la de un animal real.
Sensible al tacto y a la voz: la interacción que emociona
Jennie cuenta con sensores distribuidos por todo su cuerpo que le permiten responder de forma natural al contacto humano. Una caricia hace que se relaje y la atención al rostro de quien lo toca se acompaña de pequeños sonidos que imitan los ladridos de un cachorro de doce semanas.
Además, el portal oficial de Tombot indicó que: “El software de activación por voz permite que tu Tombot Puppy reaccione a tus órdenes. Por ejemplo, si le dices “habla”, ¡ladrará!“.

Todo esto se complementa con una aplicación móvil que permite ponerle nombre, seguir sus interacciones y añadir nuevas funciones mediante actualizaciones de software, como si el cachorro fuera evolucionando contigo.

Más que un robot: un aliado emocional y social
Detrás de Tombot Jennie hay un objetivo claro: ofrecer compañía y apoyo emocional. Según su portal oficial, estos cachorros robóticos ayudan a personas, familias y comunidades a enfrentar situaciones de salud y soledad, proporcionando un vínculo afectivo que trasciende lo físico.
Se recarga como un teléfono y estará disponible en mayo por alrededor de 1.500 dólares, marcando un paso más hacia dispositivos que no solo responden a nuestras órdenes, sino que también nos comprenden y acompañan. En un CES que redefine lo “humano” en la tecnología, Jennie demuestra que la innovación también puede llegar al corazón.










