¿Es posible gestionar una crisis climática a ciegas? Esta es la interrogante que alarmó a la comunidad científica internacional tras el anuncio del desmantelamiento de la red de vigilancia marina más avanzada de Estados Unidos.

Con una inversión inicial de 386 millones de dólares, la Ocean Observatories Initiative (OOI) ha funcionado durante más de una década como una herramienta esencial para monitorear la salud del planeta. A través de la medición en tiempo real de la temperatura, la acidez y los movimientos del agua, este sistema permite comprender cambios que, de otro modo, permanecerían ocultos bajo la superficie.
Una infraestructura bajo amenaza
En mayo de 2026, la National Science Foundation (NSF), organismo responsable de su financiación, anunció un proceso para reducir drásticamente esta red, lo que implicaba retirar equipos en estaciones críticas del Atlántico Norte, el Pacífico y las zonas costeras de EE. UU. Esta decisión, descrita por la agencia como un “descoping” o reducción de alcance, se dio en un contexto de recortes presupuestarios del 55 % propuestos para la agencia.

La medida generó una alarma inmediata en la comunidad científica, ya que el plan contemplaba la desactivación de instrumentos en aguas de Oregón, Washington, Alaska, Carolina del Norte y Groenlandia para 2027. Los expertos criticaron que la resolución se tomó sin una evaluación científica previa ni advertencias suficientes.
El valor de la continuidad frente al cambio climático
La importancia de la OOI no se basa únicamente en sus dispositivos físicos, sino en la continuidad de los datos que genera. Para la ciencia climática, una serie de mediciones ininterrumpidas durante diez años constituye una “historia” que permite detectar tendencias y anomalías que se perderían con una observación intermitente.
Uno de los puntos de mayor preocupación es el monitoreo de la AMOC (Circulación Meridional de Retorno del Atlántico), una corriente que actúa como una gigantesca cinta transportadora de agua cálida y fría.
Cualquier alteración brusca en este sistema tiene el potencial de transformar los patrones climáticos en Europa y América del Norte, afectando sectores críticos como la pesca y la economía. La interrupción de estos sensores dejaría a la comunidad internacional sin la capacidad de anticipar cambios drásticos en este regulador global.
La reacción y el rescate de la red
La propuesta de desmantelamiento provocó una fuerte respuesta de científicos y legisladores, quienes argumentaron que retirar estos instrumentos en un periodo de aceleración del calentamiento marino resultaba contraproducente para la seguridad nacional. Hubo incluso señalamientos por parte de miembros del Congreso sobre la posible ilegalidad de la medida.
Ante la presión ejercida, la NSF anunció el 18 de junio de 2026 la suspensión de los planes de retiro de equipamiento.
“Con efecto inmediato, la NSF no procederá a retirar ni a desmantelar equipos de los conjuntos restantes y continuará con las operaciones, incluido el mantenimiento programado. Si bien el conjunto Endurance se ha retirado del agua, estamos desarrollando planes para volver a instalar el equipo después de su mantenimiento”, señala el comunicado de la NSF.

Un futuro en revisión
A pesar de la victoria que supone este freno al desmantelamiento, el futuro de la red no está del todo asegurado. La NSF ha señalado que:
“La NSF publicará una carta a sus colegas para recabar opiniones de las partes interesadas y convocará a un panel de expertos para evaluar las necesidades de observación, analizar las fuentes de datos disponibles, considerar las respuestas a dicha carta y ayudar a la agencia a identificar una estrategia sostenible para sus sistemas de observación oceánica.
Este episodio subraya la vulnerabilidad de la infraestructura científica ante los cambios de prioridades políticas, dejando claro que la observación del océano es, en última instancia, una pieza clave de la seguridad y la preparación ante los desafíos climáticos actuales.”
