Uno de los aspectos que más suele llamar la atención de las personas son los fenómenos astronómicos, ya que representan momentos en los que el cielo se transforma y ofrece espectáculos visuales únicos. Estos eventos no solo despiertan el interés de los aficionados, sino que también brindan a los astrónomos valiosas oportunidades para estudiar el universo.
Entre los más conocidos, y con los que habitualmente arranca el año, se encuentran las lluvias de estrellas cuadrántidas. Este fenómeno marca el inicio del calendario astronómico anual y es considerado uno de los más intensos del hemisferio norte.
Según información de astronomia.ign.es, las cuadrántidas son visibles entre el 28 de diciembre y el 12 de enero, aunque su punto máximo de actividad suele concentrarse alrededor del 3 de enero. En ese momento, el cielo puede ofrecer un espectáculo breve pero impactante para quienes logran observarlo en el instante preciso.

Durante su pico, esta lluvia de meteoros puede superar los 120 meteoros por hora, con una velocidad aproximada de 41 kilómetros por segundo. Estas cifras la colocan al nivel de otras lluvias muy populares, como las Perseidas en agosto y las Gemínidas en diciembre.

Sin embargo, a diferencia de estas, las cuadrántidas resultan más difíciles de apreciar, ya que su máxima actividad dura apenas unas pocas horas. A ello se suman las condiciones climáticas propias del invierno boreal, que suelen complicar la observación.
“En 2026, la lluvia de las cuadrántidas alcanzará su máximo el 3 de enero, bajo la intensa luz de la Luna Llena. Esto implica malas condiciones de observación, ya que el resplandor lunar borrará la mayoría de los meteoros débiles. Aun así, podrían verse algunas bolas de fuego brillantes si consigues bloquear el resplandor de la Luna con un edificio, un árbol o una colina”, explican desde starwalk.space.

Para observarlas, se recomienda elegir un lugar con cielo oscuro y pocos obstáculos, evitar el uso de instrumentos ópticos y dirigir la mirada hacia las zonas más oscuras del firmamento, preferiblemente en dirección opuesta a la Luna.
Aunque el punto desde donde parecen surgir está en la constelación de Bootes, las estrellas fugaces pueden observarse en cualquier parte del cielo. Lo más recomendable es acomodarse bien, recostarse si es posible, dejar que los ojos se acostumbren a la oscuridad y abrigarse adecuadamente, teniendo en cuenta que las noches a comienzos de año suelen ser frías.
