Avi Loeb es uno de los científicos que en los últimos años ha ganado mayor notoriedad por sus investigaciones relacionadas con la posibilidad de encontrar indicios de vida más allá de la Tierra.
El astrofísico dirige el Proyecto Galileo, una iniciativa que busca estudiar de manera científica los fenómenos aéreos no identificados (UAP) y determinar si algunos de ellos podrían corresponder a objetos de origen desconocido.
Como parte de este trabajo, Loeb suele compartir en su blog de Medium avances y análisis relacionados con estas investigaciones.
El pasado 24 de septiembre, el científico dio a conocer los primeros resultados de un sistema desarrollado para medir la distancia de los UAP mediante triangulación, un método que permite establecer la posición de un objeto en tres dimensiones cuando es observado de manera simultánea desde diferentes puntos.
Determinar la distancia es fundamental para analizar estos fenómenos, ya que permite calcular con mayor precisión aspectos como su velocidad y trayectoria, además de ayudar a establecer si lo observado puede explicarse por objetos conocidos, como aves, drones o aeronaves.
Para llevar a cabo esta tarea, el proyecto cuenta con observatorios especializados que monitorean de manera continua el cielo. Los equipos combinan cámaras infrarrojas y de luz visible con sensores de radio y micrófonos acústicos.
Uno de los principales instrumentos utilizados es el denominado Dalek, un sistema compuesto por varias cámaras. Su configuración infrarroja cuenta con ocho sensores que permiten cubrir una amplia zona del cielo, con un campo de visión de 360 grados en horizontal y 160 grados en elevación.

Uno de los mayores desafíos fue establecer cuándo un mismo objeto había sido registrado por diferentes cámaras. El proceso resulta relativamente sencillo cuando se trata de elementos conocidos, como aviones, la Luna o el Sol, pero se vuelve más complejo cuando los expertos no saben qué están observando.
¿Qué encontraron?
El análisis preliminar se concentró en los objetos triangulados entre el 24 y el 30 de mayo de 2026. Los resultados permitieron identificar dos grupos claramente diferenciados.
El primero estaba compuesto principalmente por aeronaves conocidas, aunque también incluyó algunos objetos que inicialmente no habían sido identificados y que presentaban características similares. El segundo grupo estaba formado por 64 objetos que no estaban relacionados con aeronaves y que posteriormente fueron identificados como pequeñas nubes.
Las naves registraron velocidades de entre 116 y 298 metros por segundo y fueron observadas principalmente a una altitud cercana a los 10,5 kilómetros. En contraste, las nubes se desplazaban siguiendo la velocidad del viento, generalmente por debajo de los 30 metros por segundo, y se encontraban a alturas de entre 3 y 5 kilómetros.
También se encontraron diferencias en la distancia durante la cual fue posible seguir cada elemento. Mientras las aeronaves pudieron ser rastreadas a lo largo de trayectorias de varios kilómetros, las nubes fueron observadas durante recorridos considerablemente más cortos.

El estudio también mostró que calcular directamente la velocidad y la aceleración a partir de las posiciones obtenidas mediante triangulación puede generar valores exagerados debido al ruido presente en las mediciones. Para reducir este problema, los científicos aplicaron un proceso de suavizado que permitió obtener estimaciones más confiables de ambos parámetros.
Por ahora, los resultados no identificaron ningún objeto que pudiera clasificarse como algo distinto de fenómenos naturales o artificiales conocidos durante la semana analizada.
Aun así, el equipo considera que la precisión alcanzada por el sistema representa un avance importante. La metodología permitirá continuar examinando los registros obtenidos por los Observatorios Galileo y, eventualmente, determinar si alguno de los objetos detectados presenta una trayectoria que no pueda explicarse mediante fenómenos conocidos.
