Una investigación realizada en las aguas que rodean a Groenlandia y el estrecho de Davis identificó un mecanismo natural que había pasado desapercibido para la ciencia. El retroceso del hielo marino activa una reacción química que puede multiplicar la formación de partículas capaces de favorecer la creación de nubes.

La reacción que comienza con el deshielo
El fenómeno ocurre en la llamada zona de hielo marginal, donde el hielo marino en proceso de derretimiento entra en contacto con el océano abierto. Allí, la actividad de algas y microorganismos libera compuestos que contienen yodo, azufre y otras sustancias orgánicas.
Con la luz solar, estos gases se transforman en partículas microscópicas que funcionan como núcleos de condensación, es decir, pequeñas “semillas” sobre las que se forman las gotas de agua de las nubes.
Durante una expedición realizada en 2022, los investigadores observaron que la concentración de estas partículas pasó de 50 a 1.500 por centímetro cúbico en un solo día, un aumento de hasta 50 veces. El fenómeno, además, apareció en más del 80 % de las jornadas soleadas analizadas.

El doctor James Brean, profesor adjunto de Ciencias Atmosféricas en la Universidad de Birmingham y coautor del estudio, destacó la importancia de haber observado el proceso directamente en el ambiente:
“Nuestros hallazgos proporcionan la primera validación en el mundo real de un mecanismo de química atmosférica recientemente identificado que involucra oxoácidos de yodo y ácido sulfúrico. Hasta ahora, este proceso solo se había demostrado en experimentos de laboratorio en la cámara CLOUD del CERN”.
Los análisis también permitieron identificar por primera vez en la atmósfera unas moléculas orgánicas oxigenadas que contienen yodo, conocidas como I-OOMs.
Estas ayudan a que las partículas más pequeñas crezcan hasta alcanzar el tamaño necesario para contribuir a la formación de nubes. Brean explicó:
“Estos compuestos recientemente identificados ayudan a que las partículas pequeñas crezcan hasta convertirse en partículas más grandes que pueden sembrar nubes; creemos que esta es la primera vez que se observan tales moléculas y esto implica nuevas e importantes vías para la química del yodo”.
Un fenómeno que podría afectar al clima
El descubrimiento adquiere relevancia ante el retroceso del hielo ártico. A medida que aumenta la zona de contacto entre el océano y el hielo, también podría expandirse el área donde se produce esta formación de partículas.
Las nubes tienen un papel importante en el balance energético del planeta, ya que pueden reflejar parte de la radiación solar, pero también contribuir a retener calor.
El profesor Zongbo Shi, experto en Biogeoquímica Atmosférica de la Universidad de Birmingham y líder del estudio, explicó:
“Nuestro descubrimiento es importante porque estas nuevas partículas pueden influir en las nubes, las cuales desempeñan un papel fundamental a la hora de determinar cuánto calor se retiene o se refleja. Más nubes o nubes más gruesas en la temporada de calentamiento podrían potencialmente acelerar el derretimiento del hielo y al tiempo enfriar el océano abierto”.

Shi también resaltó la particular vulnerabilidad de la región: “El Ártico se ha calentado más de tres veces más rápido que el promedio mundial durante los últimos 40 años, lo que lo convierte en una de las regiones más sensibles de la Tierra al cambio climático”.
Según el investigador, comprender estas emisiones naturales será fundamental para mejorar las proyecciones sobre el comportamiento climático del Ártico y su influencia sobre el resto del planeta.
Los modelos climáticos aún no incluyen el proceso
Uno de los principales retos es que este mecanismo de formación de partículas todavía no está incorporado en los modelos climáticos actuales. Por ello, los investigadores trabajan para incluirlo en las simulaciones y determinar cuánto podría modificar las proyecciones sobre el calentamiento del Ártico.
El hallazgo demuestra que la interacción entre el hielo, el océano, la vida marina y la atmósfera todavía puede esconder procesos capaces de alterar la comprensión científica sobre la evolución del clima.
