TURISMO

De ser una pequeña aldea a Patrimonio Mundial de la UNESCO

Pese a los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, el conjunto modernista sobrevivió en gran medida, lo que explica su excelente estado de conservación.

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Anna K. Dulska - Historiadora, investigadora en el Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra
1 de septiembre de 2026 a las 11:46 a. m.
Vista aérea del puerto de Gdynia, Polonia
Vista aérea del puerto de Gdynia, Polonia Foto: Getty Images

Hay ciudades que nacen lentamente y otras que son el resultado de una decisión (geo)política. Gdynia pertenece a estas últimas. En apenas unas décadas pasó de ser una pequeña aldea pesquera del Báltico a convertirse en el principal símbolo de la Polonia renacida. Un siglo después, la UNESCO ha inscrito su Centro Modernista en la Lista del Patrimonio Mundial.

Vista aérea del City Ground, estadio del Nottingham Forest. Fecha de la imagen: miércoles 18 de marzo de 2026. (Foto de Bradley Collyer/PA Images vía Getty Images)
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La inscripción responde al criterio IV, reservado a bienes que constituyen ejemplos sobresalientes de una etapa significativa de la historia humana. En Gdynia se ha reconocido un conjunto urbano modernista excepcionalmente conservado, concebido como un todo en el que planificación, la arquitectura y el puerto forman un sistema inseparable. Pocas ciudades ilustran con tanta claridad cómo el urbanismo y la arquitectura fueron utilizados para construir la identidad y la economía de un Estado recién recuperado.

De aldea pesquera a símbolo de la Segunda República

Hasta comienzos del siglo XX, Gdynia era una pequeña aldea pesquera mayoritariamente de etnia casubia. Todo cambió tras la recuperación de la independencia de Polonia en 1918, después de 123 años de particiones. El principal puerto de la región, Gdansk, quedó constituido como Ciudad Libre bajo la protección de la Sociedad de Naciones. Habitada en un 95 % por población alemana, mantuvo una actitud crecientemente hostil hacia el nuevo Estado polaco.

Aunque el Tratado de Versalles garantizaba a Polonia el libre uso del puerto, estas obligaciones fueron incumpliéndose progresivamente y las tensiones desembocaron en la guerra aduanera germano-polaca iniciada en 1925. Para un Estado recién renacido, disponer de un puerto propio dejó de ser una aspiración económica para convertirse en una cuestión de supervivencia. La respuesta fue construir uno nuevo.

Costa de Gdynia, Pomerania, Polonia
Costa de Gdynia, Pomerania, Polonia Foto: Getty Images/500px

En 1922 el ingeniero Tadeusz Wenda eligió el emplazamiento y dirigió las primeras obras, mientras que Eugeniusz Kwiatkowski, ministro de Industria y Comercio y después viceprimer ministro, convirtió Gdynia en uno de los grandes proyectos nacionales de la Segunda República de Polonia. Convencido de que la independencia política exigía independencia económica, impulsó el desarrollo simultáneo del puerto y de la villa.

El urbanismo modernista respondía tanto a criterios funcionales como simbólicos. Edificios de líneas depuradas, fachadas blancas y formas inspiradas en los transatlánticos proyectaban la imagen de una Polonia moderna, abierta al comercio y orientada hacia el mar. Navigare necesse est (“Navegar es necesario”) decía el decreto por el cual Gdynia fue declarada ciudad en 1926.

El crecimiento fue extraordinario. En dos décadas la población pasó de unos 1 200 habitantes a más de 120 000 y el puerto alcanzó en 1938 un tráfico superior a nueve millones de toneladas, superando a Gdansk y reduciendo decisivamente la dependencia polaca de otros puertos bálticos y alemanes. Gdynia se convirtió en la principal puerta marítima del país y en uno de los ejemplos más notables de planificación urbana y económica de la Europa del siglo XX.

Guerra, reconstrucción y una ciudad que siguió mirando al mar

La Segunda Guerra Mundial interrumpió este desarrollo. Tras la invasión alemana de 1939, la ciudad fue anexionada al Tercer Reich con el nombre de Gotenhafen. Decenas de miles de polacos fueron expulsados y el puerto se transformó en una importante base de la Kriegsmarine (la Armada naval nazi). Pese a los daños sufridos, el conjunto modernista sobrevivió en gran medida, lo que explica su excelente estado de conservación.

Después de 1945, Gdynia recuperó rápidamente su papel como uno de los principales puertos de Polonia. Durante el periodo socialista se desarrollaron la industria naval, electrónica y de telecomunicaciones. Empresas como RADMOR, especializada en radiocomunicaciones marítimas y militares, simbolizan esa continuidad tecnológica. La firma de marroquinería Batycki ofrecía, a través de sus elegantes bolsos, una ilusión de lujo y sofisticación en medio de la gris realidad cotidiana de la Polonia comunista.

Una ciudad vinculada a la lucha por la libertad

La historia de Gdynia no puede entenderse solo a través de su puerto y su arquitectura. También ocupa un lugar destacado en la memoria de la oposición al régimen comunista. No es casualidad que fuera en las ciudades industriales del Báltico donde se produjera uno de los episodios decisivos de la historia contemporánea de Polonia. Al ordenar al ejército abrir fuego contra los trabajadores en diciembre de 1970, el régimen comunista socavó la principal fuente de su legitimidad: gobernar en nombre de la clase obrera.

Uno de los episodios más emblemáticos de esa época fue el traslado del cuerpo de un joven trabajador abatido por los disparos sobre una puerta arrancada de un edificio. Aunque después se supo que se llamaba Zbigniew Godlewski, la canción “Ballada o Janku Wiśniewskim” lo inmortalizó como Janek Wiśniewski. Interpretada por Krystyna Janda en la escena final de El hombre de hierro (1981), de Andrzej Wajda, la balada se convirtió en un símbolo de las protestas obreras y del posterior movimiento Solidaridad. Sus últimos versos –“El mundo se enteró, pero no dijo nada”– evocan el sentimiento de abandono que acompañó aquellos acontecimientos.

Vista de un muelle sobre el mar con un cielo nublado de fondo, en Gdynia (Polonia)
Vista de un muelle sobre el mar con un cielo nublado de fondo, en Gdynia (Polonia) Foto: Getty Images/500px

Quizá la reciente inscripción de Gdynia en la Lista del Patrimonio Mundial contribuya también a que esta parte de la historia de Polonia sea hoy mejor conocida fuera de sus fronteras.

Un patrimonio del siglo XX

La inscripción del Centro Modernista de Gdynia trasciende el reconocimiento de un excelente conjunto de arquitectura funcionalista. Reconoce una ciudad que concentra algunas de las grandes experiencias europeas del siglo XX: la reconstrucción de un Estado independiente, la fe en la planificación, la ocupación, la industrialización, la resistencia al autoritarismo y la capacidad de reinventarse sin perder su identidad marítima.

Gdynia demuestra que el patrimonio mundial no protege solo los vestigios del pasado remoto. También conserva los lugares donde tomó forma la historia contemporánea y cuyos valores siguen ayudándonos a comprender el mundo en el que vivimos.

Artículo publicado originalmente en The Conversation

The Conversation