La reconocida revista Time Out realiza cada año su lista de las mejores ciudades para comer en el mundo. En su edición de 2026, el listado fue encabezado por Lima, Perú.
Entre los aspectos destacados por la publicación sobre la capital peruana, se señala una “escena gastronómica de primer nivel”, con uso de ingredientes autóctonos del país y la implementación de reinterpretaciones modernas de postres tradicionales.
Esta ciudad, sin embargo, no fue la única de Latinoamérica en ubicarse en la parte alta del escalafón. Muy cerca apareció Ciudad de México, que ocupó el tercer puesto.

De acuerdo con Time Out, la cocina de la capital mexicana es actualmente una “auténtica celebración global”, con “la influencia de la cocina mediterránea, asiática y francesa apoderándose de las colonias Condesa, Juárez y San Miguel”.
“Un día de comida y bebida aquí podría empezar con unas croquetas de pipián para desayunar en Café Ocaso; hacer cola para probar los mejillones de Lindy o las patatas Hasselback de Lotti; probar el innovador kampachi en Etranger; dirigirse a La Pantera para degustar un chuletón Tomahawk a la barbacoa y redondear la noche en Pistilo con su cóctel insignia de granizado de cereza”, agrega la publicación, exponiendo algunos lugares y platos recomendados para disfrutar en la ciudad.


La revista destacó, además, que los habitantes de Ciudad de México, en su mayoría (80 %), califican de manera positiva la escena restaurantera de la ciudad por su calidad. Igualmente, el 73 % afirma que salir a comer y beber es asequible.
Comida mexicana, patrimonio inmaterial de la humanidad
La cocina mexicana fue reconocida por la Unesco como parte de su Patrimonio Cultural Inmaterial en 2010. “Este lugar de honor solo lo comparte con la dieta mediterránea y los usos sociales de las cocinas francesa y japonesa”, destaca el gobierno del país.
De acuerdo con la Unesco, la cocina tradicional mexicana es “un modelo cultural completo que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias y costumbres y modos de comportamiento comunitarios ancestrales”.
“Esto ha llegado a ser posible gracias a la participación de la colectividad en toda la cadena alimentaria tradicional: desde la siembra y recogida de las cosechas hasta la preparación culinaria y degustación de los manjares. Los elementos básicos del sistema son el maíz, los fríjoles y el chile; métodos de cultivo únicos en su género, como la milpa (cultivo por rotación del maíz y otras plantas, con roza y quema del terreno)”, subraya la agencia de la ONU.
