Hay destinos en Boyacá que resultan emblemáticos porque tienen encantos especiales que llaman la atención de los turistas. Lugares como Villa de Leyva, Monguí, Tibasosa o Tunja resultan de interés por su riqueza colonial y sus bellos paisajes.
En la lista de posibilidades está uno que es reconocido como el más colorido de este departamento y que tiene mucho que ofrecerles a los viajeros más allá de lo que pueden apreciar en el casco urbano.

De acuerdo con la Alcaldía, este municipio posee una gran riqueza natural y cultural, que lo convierte en un destino turístico por excelencia donde es posible apreciar diversidad de paisajes y microclimas, así como diferentes manifestaciones culturales que bordean el diario vivir de sus pobladores.
En el pueblo, los turistas se encuentran con construcciones en las que abundan los colores. Las casas pintadas con figuras geométricas y detalles artesanales funcionan como vitrinas que invitan a conocer los talleres y tiendas donde se elaboran y comercializan piezas únicas. Los colores en este pueblo no son casualidad, sino que son parte esencial de su patrimonio cultural y de su reconocimiento como uno de los pueblos más pintorescos de Colombia.

Son muchos los lugares que los viajeros tienen la posibilidad de conocer. El Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr) asegura que una visita a este destino boyacense, que destaca por su tradición artesanal, no está completa si no se recorren lugares emblemáticos y tradicionales como el Monasterio y desierto de la Candelaria, declarado monumento nacional y bien de interés cultural de carácter nacional.
A estos se suman la iglesia y el parque central, rodeados de esculturas elaboradas en arcilla y cerámica, y el Patio de Brujas, un observatorio astronómico con un reloj solar y varios tótems.

Encantos naturales
En las afueras del pueblo los atractivos naturales también abundan. Por ejemplo, están las Cascadas del río Dulce, que están compuestas por tres caídas de agua, a donde se llega a través de un sendero con bosque nativo, trayecto en el que se puede apreciar diversidad de especies de flora y fauna.

Para los amantes de la naturaleza también está el sendero del río Ráquira, el cual les permite a los visitantes disfrutar de la vegetación en medio de lo urbano. Este es considerado un espacio de esparcimiento y relajación, de acuerdo con datos de la Alcaldía.
Una opción más son las Piedras de San Antonio, que hacen parte de la cultura popular y religiosa del municipio. Allí hay dos rocas con cavidades en su interior y en una de ellas está la imagen del santo que, según narra la leyenda, reaparecía en el lugar cada vez que el sacerdote se la llevaba a la parroquia. En la otra piedra se supone que el mismo santo se lavaba los pies.
Allí también se encuentran los altos de la Cruz y de la Virgen, así como una piedra de los petroglifos. Todos estos son espacios que llaman la atención y que son ideales para quienes disfrutan de las actividades al aire libre.
