Contar con un vehículo propio representa una gran ventaja para muchas personas, ya que facilita la movilidad y ofrece mayor autonomía en el día a día. Permite organizar los desplazamientos con libertad, ya sea para ir al trabajo, hacer compras o emprender viajes dentro y fuera de la ciudad, sin depender de horarios o del transporte público.

A estas ventajas se suman la comodidad, la flexibilidad y el ahorro de tiempo en los trayectos. Sin embargo, tener un automóvil también implica asumir ciertas responsabilidades para garantizar un funcionamiento seguro, prolongar su vida útil y evitar reparaciones costosas.
En ese sentido, el mantenimiento preventivo es uno de los aspectos más importantes. Revisar de forma periódica el estado del aceite del motor, los filtros, los frenos, la suspensión y los niveles de los diferentes líquidos permite detectar posibles fallas antes de que se conviertan en averías de mayor magnitud.
Entre estas tareas, el cambio de aceite es una de las más importantes para conservar el motor en óptimas condiciones. Según Kia, gracias a los avances en la tecnología de los lubricantes y de los motores, ya no es necesario reemplazar el aceite cada 4.500 kilómetros, como durante años se creyó.

En la actualidad, la mayoría de los fabricantes recomienda realizar este mantenimiento entre los 11.000 y 15.000 kilómetros, aunque el intervalo puede variar según el modelo del carro y las especificaciones del fabricante.
Respetar estas recomendaciones no solo ayuda a prolongar la vida útil del motor, sino que también mejora su rendimiento, reduce los costos de mantenimiento y disminuye el impacto ambiental.
No obstante, el kilometraje no es el único indicador. El automóvil también puede advertir que el aceite ha perdido sus propiedades mediante diferentes señales, como ruidos inusuales en el motor por falta de lubricación, un fuerte olor a aceite en el habitáculo, humo oscuro saliendo por el escape o el encendido del testigo de presión del aceite. Si la luz es amarilla o naranja, suele indicar un nivel bajo de lubricante, mientras que una luz roja advierte un posible riesgo de daños en el motor.

Otra forma de comprobar el estado del lubricante es revisar la varilla medidora. Si el aceite presenta un color muy oscuro, una textura espesa o pegajosa, o incluso un aspecto lechoso, es recomendable sustituirlo cuanto antes.
Aunque el vehículo recorra pocos kilómetros, el aceite se degrada con el paso del tiempo y pierde su capacidad para proteger el motor. Por ello, los especialistas aconsejan cambiarlo, como máximo, cada dos años, incluso si no se ha alcanzado el kilometraje recomendado.
