Las suscripciones ya no son un lujo raro ni un gasto que se decide una sola vez. Hoy están en todas partes: una plataforma para ver series, otra para escuchar música, otra para estudiar, una más para hacer ejercicio, otra para evitar anuncios, etc.

Se pagan casi siempre sin fricción, con débito automático, y por eso mismo se vuelven difíciles de medir. El resultado es una forma de consumo que parece pequeña mes a mes, pero que termina pesando en serio cuando se suma.

Laura Cárdenas, de 23 años, es un ejemplo claro de ese fenómeno. Paga Netflix, Amazon, HBO Max, Spotify, el gimnasio y hasta una suscripción de inteligencia artificial para sus trabajos de la universidad. “Como todo se descuenta solo, uno no siente que está gastando tanto”, dice.

Golpe al bolsillo: Meta lanza prueba de suscripción en Instagram con funciones exclusivas, ¿impactará en Colombia?

El problema surgió cuando decidió revisar sus gastos: “Al sumar todo, me di cuenta de que eran más de 200.000 pesos al mes, y ni siquiera uso todo lo que pago”.

Hay meses en los que escucha música gratis en YouTube y no abre Spotify; otros, casi no entra a las plataformas de video, pero igual sigue pagándolas porque siente que “debe tenerlas” para estar al día.

X, la red social de Elon Musk, anunció actualizaciones para su sistema de suscripciones: así funcionarán los hilos exclusivos

En Colombia, además, esa lógica se mueve dentro de un ecosistema digital cada vez más extendido: en 2024, el 88 % de las personas encuestadas por la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) tenía teléfono inteligente y, en 2025, los canales no presenciales concentraron el 82,3 % del total de operaciones financieras, según la Superintendencia Financiera.

Ese entorno ayuda a entender por qué las suscripciones se volvieron tan cotidianas. La CRC encontró que en 2024, el 32 % de las personas mayores de 15 años accedía a plataformas OTT, es decir, las que distribuyen contenido audiovisual a través de internet.

La misma CRC reportó, además, que el 3 % de las personas había cancelado su televisión por suscripción en los últimos 12 meses para usar plataformas, frente a 2 % en 2021. No es una migración masiva todavía, pero sí una señal de cambio en los hábitos de consumo.

Muchos usuarios continúan pagando servicios que utilizan poco o incluso han dejado de usar. Foto: Getty Images/iStockphoto

Ese es justamente uno de los puntos que más le preocupa a Edgar Ricardo Jiménez Méndez, profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y especialista en finanzas personales.

Para él, las suscripciones son la versión tecnológica de lo que ahora llaman “gastos hormiga”, que son pequeños consumos que no parecen problemáticos hasta que se acumulan.

En entrevista para SEMANA, advierte que dos o tres suscripciones de 15.000 o 20.000 pesos pueden convertirse fácilmente en 60.000 o 70.000 pesos mensuales, es decir, entre 700.000 y 840.000 pesos al año.

Y si ese dinero se ahorrara con interés compuesto, en 15 años podría acercarse a los 20 millones de pesos. Su idea de fondo es simple: el problema no es solo el valor unitario, sino la facilidad con la que se normaliza un gasto que no siempre produce retorno.

Las polémicas razones detrás de la campaña ‘QuitGPT’ que fomenta la cancelación de suscripciones a ChatGPT

Laura lo confirma desde su experiencia cotidiana. “Uno no lo ve como una deuda, ni como un gasto grande. Es como algo que ya está ahí y ya”, dice. Pero cuando varios cobros coinciden en la misma fecha, la sensación cambia: “Ahí es cuando uno dice, juepucha, ¿en qué momento se fue toda esa plata?”.

El mercado global confirma que no se trata de una práctica menor. Spotify cerró 2025 con 751 millones de usuarios activos mensuales y 290 millones de suscriptores premium, según su informe trimestral oficial. YouTube Music y YouTube Premium superaron los 125 millones de suscriptores, incluidos usuarios en prueba, de acuerdo con Google.

Y Warner Bros. Discovery reportó que su negocio de reproducción en tiempo real cerró 2025 con casi 132 millones de suscriptores a nivel global. La lógica de pagar mensualmente por entretenimiento ya no es externa; es uno de los modelos de negocio dominantes en la economía digital.

Volkswagen cobra suscripción mensual para que sus autos sean más veloces: ¿cómo funciona este pago y a qué vehículos aplica?

El gasto, además, no se queda en las plataformas de video o música. En Colombia, una sola membresía de gimnasio puede pesar casi tanto como varias suscripciones juntas. Smart Fit promociona en su página colombiana planes desde 99.900 pesos mensuales para el plan Fit y 119.900 pesos para el plan Black después de promociones iniciales.

Spotify ofrece un plan para estudiantes por 10.100 pesos al mes y un plan familiar por 30.500. HBO Max anuncia que sus planes en Colombia arrancan desde 18.900 pesos mensuales.

Y ChatGPT Plus, una de las suscripciones que Laura usa para estudiar, cuesta 20 dólares al mes, según OpenAI. Es decir, entre 80 y 85 mil pesos. En una canasta como la de ella, los 200.000 pesos mensuales no son exageración, son una suma perfectamente creíble.

El crecimiento de las suscripciones está ligado a la expansión del ecosistema digital. Foto: Getty Images

Lo importante es que este gasto no siempre se percibe como presupuesto, sino como inercia. Laura reconoce que no se ve cancelando todo porque siente que esas suscripciones ya hacen parte de su rutina.

Aunque también admite que varias las paga más por costumbre o por miedo a quedarse “por fuera” que por uso real. Ahí aparece otro componente que Jiménez subraya: la presión social.

En su lectura, buena parte del fenómeno responde a una mezcla de desarrollo tecnológico, comodidad y moda. Tener acceso a ciertas plataformas ya no solo resuelve una necesidad práctica, también permite participar en conversaciones, consumir lo que está en tendencia y mantenerse dentro de un cierto ritmo cultural.

El problema aparece cuando esa suma deja de ser invisible. Jiménez propone una regla sencilla: si el gasto en suscripciones supera el 10 % del ingreso mensual, la alerta ya es roja; si ronda el 5 %, debería encender al menos una señal de cuidado. Y considera que lo ideal sería que ese rubro estuviera mucho más cerca del 1 % del ingreso.

¿Se quedó sin espacio en Google Drive? Este sencillo truco le permitirá seguir aprovechando gratis los 15 GB de almacenamiento

Su argumento no parte de demonizar el consumo, sino de obligar a ponerlo en perspectiva: pagar por algo que se usa y cabe en el presupuesto es una cosa; pagar por inercia, sin control y sacrificando ahorro o pago de deudas, es otra.

La facilidad de pago agrava el problema. El débito automático elimina la fricción y, con ella, parte de la conciencia del gasto. Jiménez lo explica con una comparación potente: así como los débitos programados pueden ayudar a ahorrar sin esfuerzo, también permiten gastar sin sentirlo.

Laura lo confirma desde su experiencia; más de una vez ha visto caer varios cobros el mismo día y solo entonces cae en cuenta de todo lo que está pagando. Ahí es donde el “eso no es nada” de cada plataforma se convierte en un monto serio al final del mes.

La comodidad del pago automático puede convertirse en una trampa financiera. Foto: Getty Images/iStockphoto

La economía de las suscripciones digitales no se trata solo de Netflix, Spotify o el gimnasio. Se trata de un modelo de consumo donde el pago recurrente se volvió la forma estándar de acceder a entretenimiento, bienestar, productividad y hasta estudio.

Y ese modelo está creciendo sobre una base digital robusta: más smartphones, más operaciones remotas, más servicios que se cobran solos y más usuarios dispuestos a pagar por conveniencia.

Por eso, la pregunta ya no es si las suscripciones valen o no la pena, sino si el usuario realmente sabe cuánto está pagando por ellas. Laura, al menos, ya hizo la cuenta y le quedó clara una cosa: el problema no era el precio de una sola app, sino la suma de todas.

Adiós a Xuper y Magis TV: estas son las alternativas seguras para ver películas y series gratis sin exponerse a estafas ni virus

Y esa, tal vez, es la mejor definición de este fenómeno, una economía de cobros pequeños que, juntos, terminan pesando mucho más de lo que parece.