El grueso en el gasto de una campaña electoral está en la propaganda, que se lleva el 33,4 %, según el más reciente Índice de Costos Electorales que realizó el Dane.
En otras palabras, sudar por los votos tiene todo que ver con la inversión que se hace para hacer sonar el nombre de un candidato y lograr la atención de los electores en sus propuestas.
Por esa razón resulta curioso el caso de Katherine Miranda, actual representante a la Cámara y aspirante a volver a tener una curul en el Congreso de la República, quien tuvo que bajar sus vallas publicitarias por orden del Consejo Nacional Electoral.
Su propaganda política la basó en el escándalo ocurrido en el país alrededor del contrato para llevar internet a los colegios públicos del país, el cual le costó la renuncia a la ministra de las TIC, Karen Abudinen.
El mensaje de Miranda en las vallas decía: “Que no nos abudineen el país”, frase que fue defendida por la congresista luego de que la exministra interpusiera una denuncia ante la Corte Suprema de Justicia, por utilizar ‘abudinear’, a propósito del cuestionado contrato de Centros Poblados.

La parlamentaria confirmó en SEMANA que originalmente pagó 150 millones de pesos por las 7 vallas. Pero como la campaña no había cerrado aún y requería seguir en la contienda, tuvo que bajarlas y transformarlas, para lo cual no contaba con un creativo, debido a las limitaciones de recursos que hay para financiar las costosas contiendas electorales.
No obstante, recibió el apoyo de los ciudadanos a través de redes y con mensajes directos a sus canales de comunicación, en los que le enviaban una lluvia de ideas para transformar el mensaje sin perder toda la plata invertida.

Aun así, según Miranda, el cambio de la frase le costó casi 7 millones de pesos, teniendo en cuenta que debía bajar las lonas y modificar el mensaje. “700.000 por cada lona = $4.900.000, más el trabajo para volverlas a montar: 250.000 por cada una = 1.750.000″.
Miranda hizo caso a los mandatos de las autoridades y bajó las vallas, además de cambiar el mensaje en el que ahora dice: “Que no nos roben el país”.

